Cumplir 40 no significa colgar los tenis, pero sí usarlos con más cabeza. El cuerpo sigue respondiendo al ejercicio, aunque ya no perdona improvisaciones, excesos ni entrenamientos sin estrategia.
Entrenar después de los 40 es distinto, no tanto por la edad en sí, sino por el contexto. Menos tiempo, más estrés, recuperación más lenta y un cuerpo que exige mejor trato. La buena noticia es que con el enfoque correcto se puede estar en gran forma y por muchos años más.
¿Qué ejercicios conviene priorizar después de los 40?
La base sigue siendo la fuerza. Ejercicios que involucren grandes grupos musculares como sentadillas, desplantes, presses, remo y peso corporal ayudan a conservar masa muscular, acelerar el metabolismo y proteger las articulaciones. No se trata de levantar pesado todo el tiempo, sino de ejecutar bien y progresar con paciencia.
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También es clave trabajar la capacidad cardiovascular, pero de forma inteligente. Sesiones cortas de intensidad moderada o intervalos bien programados funcionan mejor que horas eternas de cardio. Caminar más durante el día, subir escaleras y moverte fuera del gimnasio suma mucho más de lo que parece.
La movilidad y la estabilidad pasan de ser opcionales a obligatorias. Dedicar unos minutos a calentar, activar y estirar reduce el riesgo de lesiones y mejora el rendimiento. No es yoga extremo, es mantenimiento básico del cuerpo.
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¿Qué ejercicios es mejor evitar o ajustar?
No hay ejercicios prohibidos, pero sí malas decisiones. Entrenar como si tuvieras 20 años suele ser el error más común. Series al fallo todos los días, cargas máximas sin técnica, HIIT diario sin descanso o rutinas sin planificación suelen traer más lesiones que beneficios.
Conviene tener cuidado con ejercicios de alto impacto mal controlado, saltos sin base de fuerza, giros bruscos de abdomen o correr largas distancias con sobrepeso. Tampoco ayuda abusar del cardio sin fuerza ni entrenar ignorando molestias o dolores persistentes.
El entrenamiento no lo es todo
A partir de los 40, los hábitos pesan tanto como el ejercicio. Dormir bien deja de ser un lujo y se vuelve un pilar. La alimentación necesita ser más consciente, con suficiente proteína, buenos nutrientes y control de la inflamación.
Entrenar mejor, no más, es la regla de oro. Con dos o tres sesiones bien hechas a la semana y un estilo de vida activo, los resultados llegan. A los 40 no se trata de competir con tu yo de los 20, sino de construir un cuerpo fuerte, funcional y duradero.
