Un nuevo estudio de la Universidad de California en Berkeley sugiere que mantener una rutina de sueño regular podría aumentar la esperanza de vida hasta en cuatro años y reducir de forma significativa el riesgo de hospitalización.
El análisis se basó en más de 47 millones de noches de sueño registradas a través de dispositivos portátiles.
Los investigadores encontraron que no basta con dormir muchas horas de manera ocasional. El beneficio real aparece cuando el descanso se mantiene de forma constante, tanto en duración como en horario, a lo largo de la semana.
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De acuerdo con el informe, las personas que duermen al menos siete horas por noche y se acuestan dentro de una misma franja horaria presentan mejores indicadores de salud que aquellas con horarios irregulares o con déficit de sueño acumulado.
¿Por qué la regularidad del sueño es clave para vivir más?
El estudio explica que el reloj biológico necesita estabilidad para funcionar correctamente. Acostarse todos los días a horas distintas genera una desalineación del ritmo circadiano, similar a experimentar un “jet lag” constante, lo que se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y mentales.
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Uno de los hallazgos más relevantes es que “compensar” el sueño durante el fin de semana no revierte los efectos negativos de dormir poco entre semana. De hecho, este patrón se relaciona con un peor estado general de salud, contrario a la creencia popular.
Los investigadores proponen una regla sencilla conocida como la regla 7:1: dormir al menos siete horas cada noche y mantener el horario dentro de una ventana de una hora todos los días.
Pequeños ajustes, como acostarse entre 30 y 60 minutos antes y reducir la exposición a pantallas por la noche, pueden generar beneficios comparables a adoptar hábitos como el ejercicio moderado.
El estudio concluye que el sueño debería considerarse un pilar central de la prevención en salud, al mismo nivel que la alimentación y la actividad física, ya que mejorar la calidad y regularidad del descanso no solo podría alargar la vida, sino también reducir enfermedades crónicas y la presión sobre los sistemas de salud.
