Según el INEGI, se cometieron 33.5 millones de delitos en nuestro país en 2024. Yo contribuiré a engrosar el listado de víctimas de este año. Les cuento. Vivo en la alcaldía Álvaro Obregón en la Ciudad de México. En la mañana del pasado viernes 11 de abril, apareció en la calle donde vivo un individuo semidesnudo, al parecer intoxicado con alguna droga.
El hombre hablaba incoherencias, se hincó a la mitad de la calle y se quitó los pantalones. Llamamos al 911 para que enviaran una patrulla. A las 11:10 am, llegó una patrulla de la que descendió una oficial. La oficial interactuó con el hombre y el tipo se sentó en la banqueta. Después, la oficial le explicó a mi familia que “por protocolo” no pueden tocar ni hacer nada cuando se encuentran con una persona intoxicada en la calle. “Podríamos lastimarlo”. Quizá la policía se expresó incorrectamente, quizá mi familia no entendió la explicación de la policía.
Sea como fuera, la patrulla se retiró del lugar a las 11:15. Se nos indicó que no interactuáramos con el individuo. Estuve a punto de subir la escena redes, pero no lo hice, pensando en que podrían acusarme de violar la privacidad del individuo. Minutos después, el individuo se desnudó completamente a la vista de los transeúntes y se quedó dormido. Comenzó a llover. Mi familia se preocupó por el hombre y alguno de nosotros propuso llevarle una taza de café.
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El sentido común imperó. No había que acercarse a él. La autoridad ya estaba avisada y dijo que ellos no podían hacer nada
A las 14:19 el individuo, completamente desnudo, comienzo a deambular por la calle. A las 14:55 el individuo se acercó a la puerta de mi casa, cerrada con un candado interior y, con gran fuerza, logró abrirla. Doblo el pasador de metal.
En casa, las más pequeñas dieron la voz de alarma y llamaron al 911. Los mayores de mi familia se topan con el hombre está dentro del garaje de mi casa. A gritos, lograron sacarlo. A las 15:10 llegó una patrulla. Minutos después llegaron otras dos unidades. El tipo seguía fuera de mi casa, completamente desnudo. En presencia de los policías, el individuo intentó forzar otra casa.
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Finalmente, los policías suben al tipo a una patrulla. Sin embargo, los policías nos advierten que no pueden hacer nada contra él. El protocolo indica que no pueden tocarlo ni encerrarlo. Darán una vuelta con él para intentar encontrar en las inmediaciones de la colonia a un pariente que pueda hacerse cargo de él.
Nos indican, por supuesto, que no levantemos un acta. Desconozco cuáles son los protocolos de la policía para tratar con una
persona drogada. Lo que me queda claro es que una persona que está intoxicada es un peligro. Así como a un automovilista en estado de ebriedad se le detiene en “el torito”, porque puede dañar a otros, una persona drogada también debería ser detenida.
Es una vergüenza la que la policía, si es que lo me dijeron es verdad, tenga las manos atadas y no pueda hacer nada para
defendernos. La intrusión en mi casa fue el resultado de la omisión de la autoridad. La intrusión pudo haber terminado en un tragedia. El Estado es cómplice por omisión.
