OPINIÓN HÉCTOR ZAGAL

Felicidad, familia, soledad

Según el World Happiness Report, nuestro país bajó del top 10 al lugar número 12. Que, digo yo, tampoco está tan mal.

El World Happiness Report dedicó en 2025 un capítulo entero a México y a América Latina bajo el título: Living with others.
El World Happiness Report dedicó en 2025 un capítulo entero a México y a América Latina bajo el título: Living with others. Créditos: Canva
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Esta semana noté que el vino sabía distinto, que era difícil disfrutar de uno buenos tacos al pastor, que ni ver una serie de detectives me deleitaba como antes. Esto cambio tuvo sentido cuando me enteré de que en México somos menos felices de lo que éramos el año pasado. Según el World Happiness Report, nuestro país bajó del top 10 al lugar número 12. Que, digo yo, tampoco está tan mal.

Dejando de lado la ironía, conviene aclarar que este tipo de estadísticas siempre son discutibles. El reporte no mide la “felicidad” como la entiende una abuela que ve a sus nietos corriendo en el patio; mide, sobre todo, una autoevaluación de vida y la promedia con datos de tres años para reducir ruido muestral. Al final, comparar países con una sola pregunta de “satisfacción con la vida” puede hablar más de los sesgos y las diferencias culturales respecto a lo que significa estar bien, que de satisfacción real.

De cualquier modo, estos estudios invitan la pregunta: ¿por qué México suele aparecer más “feliz” de lo que muchos esperarían al ver nuestras cifras de violencia, desigualdad, transporte público o trámites gubernamentales? La respuesta no parece estar en el PIB ni en una trillada alegría tropical. Podría, más bien, descansar en la red de apoyos cotidianos que todavía proporcionan la familia extendida, la cercanía afectiva y cierta costumbre latinoamericana de vivir con otros.

El World Happiness Report dedicó en 2025 un capítulo entero a México y a América Latina bajo el título: Living with others. Ahí se afirma que las sociedades latinoamericanas, caracterizadas por hogares más grandes, lazos familiares fuertes, contacto frecuente y apoyo mutuo elevan la satisfacción. Es fácil verlo en nuestro país, lo que nos mantiene a flote no siempre es el Estado, muchas veces es el primo que presta, la abuelita que cuida, el hermano que recoge o la madre que llama. ¿Será que bajar dos lugares en el reporte habla de que esos vínculos familiares van desapareciendo?

Es difícil asegurarlo, pero la realidad es que en México avanzan, poco a poco, la vida en solitario, la distancia física entre generaciones, la precariedad que obliga a migrar y el cansancio que deja a cada uno encerrado en su propio cubículo emocional.

Por ello, el dato verdaderamente inquietante no es haber caído del 10 al 12. A lo que habrá que prestar atención es cómo hemos construido buena parte de nuestra felicidad sobre redes humanas comienzan a debilitarse desde el momento en que se dan por sentadas. Y entonces sí: el día en que la familia extendida deje de ser red de apoyo y se convierta sólo en chat silenciado, no necesitaremos que un estudio internacional nos cuente que nos sentimos menos contentos. Lo vamos a notar, sin necesidad de ranking, a la hora de comer.

@hzagal

(Héctor Zagal y Luis Manuel Gómez, coautores de este artículo, conducen el programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal” en MVS 102.5 todos los sábados a las 17:00 y los miércoles a las 21:00. Ambos son profesores de Filosofía en la Universidad Panamericana)