OPINIÓN HÉCTOR ZAGAL

Kalimán en hora pico

Termina el primer mes de 2026 y queda lejos la Ciudad de México un poco más vacía en la que daba gusto manejar. Volvimos al claxon, la mentada, el aventón de lámina.

Mientras otros héroes resolvían todo a golpes o a balazos, Kalimán insistía en otra cosa: “No hay fuerza más poderosa que la mente humana; quien domina la mente, lo domina todo”.
Mientras otros héroes resolvían todo a golpes o a balazos, Kalimán insistía en otra cosa: “No hay fuerza más poderosa que la mente humana; quien domina la mente, lo domina todo”.Créditos: Canva_captura de pantalla.
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Termina el primer mes de 2026 y queda lejos la Ciudad de México un poco más vacía en la que daba gusto manejar. Volvimos al claxon, la mentada, el aventón de lámina. En medio de ese ruido, uno confiesa la fantasía de que entre tanto pitido, se escuchara una voz grave de radioteatro diciendo: “Serenidad y paciencia, Solín… mucha paciencia”. Porque sí, a México no le vendría mal un poco de Kalimán.

“Caballero con los hombres, galante con las mujeres, tierno con los niños, ¡implacable con los malvados!” Kalimán nació en los sesenta, primero como radionovela y luego como historieta semanal. El Hombre Increíble (y no me refiero a Hulk), era un personaje con aire oriental, turbante blanco impecable y una calma que hoy nos resultaría sospechosa. Viajaba por el mundo desbaratando complots, descubriendo civilizaciones perdidas y enfrentando villanos, siempre acompañado por Solín. “Caballero con los hombres, galante con las mujeres, tierno con los niños, ¡implacable con los malvados!” 

Mientras otros héroes resolvían todo a golpes o a balazos, Kalimán insistía en otra cosa: “No hay fuerza más poderosa que la mente humana; quien domina la mente, lo domina todo”. Es un héroe rarísimo para nuestros estándares actuales: fuerte, sí, pero educado; decidido, pero casi siempre tranquilo; capaz de pelear, pero reacio a matar. Trataba con respeto incluso al villano, corregía a Solín sin humillarlo y repetía, una y otra vez, que la venganza era mala consejera. En plena Guerra Fría, la propuesta era casi escandalosa: un héroe que en vez de gritar “¡aplástenlos!” decía“piensa antes de actuar”.

Entre pirámides ocultas, científicos locos y princesas en peligro, se colaban pequeñas lecciones: el valiente no es quien no tiene miedo, sino quien lo enfrenta; la fuerza sin justicia es simple brutalidad; el respeto por el otro vale incluso cuando el otro es enemigo; la palabra dada se cumple, aunque duela. Eso escuchaban, semana a semana, millones de niños y adultos. Aquí no era
necesario un tratado de ética porque bastaban las frases sencillas, repetidas hasta volverse parte del paisaje mental. Mientras tanto, Solín hacía las preguntas que hoy se haría cualquiera “¿y por qué no lo golpeamos ya”, “por qué tenemos que esperar?”, “¿por qué no nos vengamos?”

Crédito: Especial.

En un México saturado de ruido y violencia real un personaje que repetía que la venganza no arregla nada y que la mente puede ser nuestra mejor arma suena, paradójicamente, más contemporáneo que muchos superhéroes nuevos. La próxima vez que estemos a punto de explotar con el coche detenido en Periférico, quizá valga la pena hacer un experimento mínimo: detenernos
un segundo recordar qué diría aquel hombre increíble de turbante blanco.

No necesitamos que Kalimán baje del Himalaya al Zócalo. Nos bastaría, para empezar, con que un poquito de su “Serenidad y paciencia” se colara en nuestro modo de discutir, de manejar, de discrepar. Ya sería bastante superpoder para un país que, demasiadas veces, confunde fuerza con grito y valentía con berrinche.

@hzagal

(Héctor Zagal y Luis Manuel Gómez, coautores de este artículo, conducen el programa de
radio “El Banquete del Dr. Zagal” en MVS 102.5 todos los sábados a las 17:00 y los miércoles
a las 21:00. Ambos son profesores de Filosofía en la Universidad Panamericana)