REGLA DE 3

Sumando… Reparación del daño en caso del Corredor Interoceánico, prioridad

El enfoque institucional y las decisiones de fondo comienzan a definir el rumbo frente a crisis, conflictos y transformaciones estructurales.

Lograr la firma de los llamados acuerdos reparatorios, será determinante para que decenas de familias puedan evitarse un largo litigio.
Lograr la firma de los llamados acuerdos reparatorios, será determinante para que decenas de familias puedan evitarse un largo litigio.Créditos: Cuartoscuro
Escrito en OPINIÓN el

Resulta de suma importancia que las autoridades, en voz de la presidenta Claudia Sheinbaum y de la Fiscalía General de la República, hayan hecho hincapié en que la prioridad en el caso del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec sea obtener la reparación integral del daño a las víctimas de los lamentables hechos ocurridos en Oaxaca.

Si bien es cierto que con nada se recuperará la vida de las personas que fallecieron o las que resultaron con lesiones permanentes, poder garantizar a las víctimas que, a través de la justicia alternativa, puedan acceder a la reparación señalada, les dará la oportunidad de ser resarcidos por el agravio recibido, además de que el mismo no quedaría impune.

Lograr la firma de los llamados acuerdos reparatorios, con la mediación del ministerio público federal, será determinante para que decenas de familias puedan evitarse un largo litigio que a nadie beneficiaría y que solamente agravaría el dolor y la tristeza por la que atraviesan en estos momentos.

Crucial será que las víctimas reciban el trato diferencial y especializado que merecen, donde su voz se escuche y su palabra cuente, más allá de una búsqueda de venganza que tenga como fin llevar a alguien a la cárcel, algo que no los alejaría del amargo momento que enfrentan.

Por ahora, queda claro que la voluntad de la autoridad federal es poner al centro a las víctimas, a efecto de que sea posible resarcir a quienes de manera directa o indirecta sufrieron una afectación por los hechos ocurridos el pasado 28 de diciembre, en los que 14 personas fallecieron y docenas resultaron heridas. Esperemos que así ocurra.

Dividiendo… Venezuela: la némesis geopolítica de Nicolás Maduro

Cayó el telón sobre el régimen “chavista” de Nicolás Maduro, algo que tal vez no nos debía llamar a sorpresa. Durante años la comunidad internacional sostuvo la ficción de que Venezuela era un problema interno, una anomalía encapsulada por su propia torpeza. Las reiteradas amenazas estadounidenses sirvieron para enmascarar una realidad que ya se había fraguado en el Pentágono.

Tras ser puesto bajo custodia, este lunes fue presentado ante un tribunal en Nueva York un Nicolás Maduro, quien todavía sin asimilar su nueva condición por delitos que podrían llevarlo a una condena de cadena perpetua, se declaró inocente y se proclamó presidente de la nación caribeña. Su esposa Cilia Flores fue presentada también ataviada con el uniforme de la prisión, con los pies encadenados. La normalización del castigo selectivo quedó instituido como instructivo de política exterior.

Estados Unidos presenta sus movimientos como parte de una cruzada contra el narcotráfico y el crimen organizado. Los cargos contra Maduro –conspiración, narcotráfico, vínculos con organizaciones armadas– no son nuevos. Se encuentran en el escritorio presidencial desde el primer mandato de Donald Trump, lo inexplicable es ¿por qué hasta ahora se activaron con esa intensidad?

Y en ese tablero, el recurso que define el movimiento no es ideológico, sino energético. La respuesta no se encuentra en los tribunales, sino en el tablero geopolítico.

Venezuela concentra las mayores reservas probadas del petróleo del mundo; más de 300 mil millones de barriles. Una cifra muy lejana a lo simbólico, una verdadera variable estratégica en un planeta donde la transición energética avanza de manera desigual y el petróleo sigue siendo insustituible para el transporte y la industria. Venezuela se convierte así en un botín inmóvil, bloqueado por sanciones, colapsado por la mala gestión y abandonado por los inversionistas.

Reconstruir su industria petrolera no va a resultar barato. Expertos refieren que se requerirán entre 40 y 80 mil millones de dólares tan solo para recuperar niveles de producción modestos. Pero quien financie esta reconstrucción no solo recupera dinero: recupera poder. Decide contratos, socios, flujos, destinos.

Justo en este punto es donde interviene la narrativa de los “recursos confiscados” a empresas estadounidenses. El problema es que no existe una cifra consolidada, exigible y jurídicamente ejecutable que respalde una deuda directa del Estado venezolano con Estados Unidos por nacionalizaciones petroleras. Las expropiaciones ocurrieron sí; muchas fueron compensadas parcialmente, otras están en litigio, pero no hay un número cerrado que explique la narrativa de “cobro pendiente”.

Mientras tanto, el balance interno es devastador. Más de siete millones de venezolanos han abandonado el país, el ingreso real cayó durante años a niveles de subsistencia. La deuda externa combinada –Estado y PDVSA– se estima entre 150 y 170 mil millones de dólares, una carga imposible de honrar sin una restructuración profunda y concesiones severas.

En ese contexto, la posición de México no es menor. Al insistir en los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de controversias se anticipa a la normalización de una estrategia que en algún momento podría involucrar a cualquier país incómodo o que se niegue a someterse a las imposiciones de las grandes potencias. Un precedente que nos podría alcanzar a todos.

Venezuela vive horas aciagas con la sensación de que Nicolás Maduro no será el único sentenciado por las cortes estadounidenses, sino que el verdadero juicio apenas empieza: el de una región obligada a decidir si acepta a la justicia como herramienta de poder o si aún es capaz de defender su soberanía.

Multiplicando… Adaptabilidad y capacitación para reinsertarse en el mercado laboral

45% de los trabajadores perciben un retroceso en su trayectoria profesional en 2025, de acuerdo con la encuesta de autoevaluación laboral que realiza cada año OCC, la bolsa de trabajo en línea. Solo 24% considera que su situación fue mejor que en 2024, mientras que 31% se mantuvo igual, lo que dibuja un mercado de contención, donde avanzar ya no implica necesariamente ascender o mejorar ingresos, sino lograr mantenerse vigente, reacomodarse o evitar el deterioro.

Entre quienes reportan una mejora, los factores determinantes no se limitan al salario, destacan también el equilibrio entre la vida laboral y personal y la capacitación constante. Estos datos confirman que el éxito profesional ya no es solo el ingreso, sino también la calidad de vida como la proyección de largo plazo en un entorno incierto, lo cual es un cambio estructural en la forma en que se construyen las carreras.

Por el contrario, el retroceso va ligado a la pérdida de empleo y a la dificultad para reinsertarse en el mercado laboral, donde esto ha dejado de depender de la experiencia acumulada; dándose prioridad a la capacidad de adaptación scomo el principal activo profesional.

No es casualidad que el sondeo muestre a la adaptabilidad y la capacitación como las habilidades más fortalecidas, lo cual se entiende dada la digitalización acelerada, la automatización y el avance de la Inteligencia Artificial.

65% considera haber logrado un balance entre trabajo y vida personal, lo cual puede interpretarse como un avance, pero también como un ajuste a expectativas más realistas, dado que siguen impactando en la vida personal la sobrecarga laboral y la presión por resultados.