Para 2026, se vislumbra un año lleno de cambios en diferentes sectores de la vida pública en México, pero particularmente serán determinantes en el ámbito de la procuración de justicia nacional.
Con la salida de Alejandro Gertz Manero y la llegada de Ernestina Godoy Ramos a la titularidad de la Fiscalía General de la República se abre un nuevo horizonte en esa institución, que durante siete años tuvo un rumbo que no convenció a muchos y que ahora podría modificarse de manera radical.
Con la inercia de la Fiscalía capitalina, Godoy Ramos buscará hacer de la FGR un espacio donde la justicia pueda convertirse en una costumbre, se proteja a las víctimas y se fortalezca la coordinación entre instituciones de todos los niveles de gobierno, pero particularmente entre fiscalías.
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La Conferencia Nacional de Procuración de Justicia, órgano colegiado que se encarga de generar e impulsar la coordinación entre las diversas instancias encargadas de procurar justicia, si bien no dejó de sesionar durante el mandato de Gertz Manero, recibió un trato distinto al que le daba esencia anteriormente, por lo que, sin duda, ese será uno de los objetivos de Godoy Ramos, quien buscará otorgarle de nueva cuenta unidad a la figura del ministerio público a nivel nacional.
Y desde luego, la coordinación con el Gabinete de Seguridad Nacional, será determinante, muy apegada a la fórmula utilizada en la Ciudad de México, donde los resultados han sido palpables y han permitido la reducción de la incidencia delictiva, particularmente en delitos de alto impacto.
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El año 2026 se presenta como una nueva oportunidad para que la ciudadanía recobre la confianza en la procuración de justicia, con una FGR que buscará darle un rostro humano a una institución que por años ha sido mal vista en términos de eficacia, eficiencia y empatía con quienes recurren a ella.
Dividiendo… IA: lo que vemos, contra lo que existe
Es un fenómeno perturbador que cada vez se repite más. Distintos medios electrónicos recurren al uso de Inteligencia Artificial para crear bancos de imágenes para acompañar sus espacios informativos. Imágenes que nunca ocurrieron. No se trata de un archivo, una fotografía o una escena captada por una cámara en el mundo real. Son secuencias ficticias que, sin embargo, en muchos de los casos nunca nos enteramos de que son producto de la tecnología.
La frontera entre ilustrar y falsear se vuelve peligrosamente difusa cuando los medios utilizan imágenes creadas por IA sin especificar su origen. No se trata de un debate tecnológico, sino democrático: la imagen sigue siendo para millones de personas una prueba de realidad. “Si lo vi, pasó”. Faltar a ese compromiso sin especificarlo erosiona uno de los pilares básicos del periodismo: la confianza.
El problema no radica en la inteligencia artificial. La IA puede ser una herramienta legítima para recreaciones, visualizaciones o explicaciones complejas. El problema surge cuando se la introduce sin transparencia, cuando una imagen sintética se presenta con el mismo estatus que un documento visual real. En ese punto los noticiarios dejan de informar y comienzan –no necesariamente de manera maliciosa– a fabricar verosimilitud.
La historia del periodismo está llena de debates sobre la manipulación de imágenes, desde el retoque fotográfico (más recientemente el Photoshop) hasta el encuadre tendencioso. Pero la IA añade un salto cualitativo: ya no se trata de modificar lo que existió, sino crear lo que nunca sucedió. Una protesta inexistente, un rostro genérico que sugiere culpabilidad, una escena emocionalmente poderosa pero ficticia. Todo ello puede orientar la percepción del público sin necesidad de mentir explícitamente.
Como ha venido ocurriendo en los últimos años, la legislación no corre a la misma velocidad que los avances tecnológicos. La Unión Europea progresa con su Ley de Inteligencia Artificial, que obliga a etiquetar ciertos contenidos generados por IA, particularmente aquellos que puedan inducir al error. Pero más allá de ese espacio, el escenario es fragmentado y, en muchos países, inexistente. En México, por ejemplo, no hay aún una ley federal integral que regule el uso de IA en medios informativos. La ética queda, en gran medida, al criterio de las redacciones.
Surge entonces el cuestionamiento sobre la responsabilidad social que tienen los medios. Si el periodismo exige verificar fuentes, contrastar datos y distinguir opinión de información, también debe exigir algo elemental: decirle al público cuándo lo que ve es una construcción artificial. No hacerlo no solo es una omisión técnica; es una decisión editorial con consecuencias.
La normalización de estas prácticas tiene efectos acumulativos. Alimenta la confusión informativa, debilita la capacidad crítica de las audiencias y abre la puerta a usos más oscuros: propaganda, manipulación política, difamación. En un ecosistema ya de por sí saturado de desinformación, agregar imágenes “realistas” sin contexto es echar lumbre al fuego.
Tal vez el dilema no sea tecnológico, sino ético. El corazón del planteamiento no se encuentra en si los medios pueden usar inteligencia artificial, sino si están dispuestos a hacerlo sin traicionar el principio básico de decir la verdad incluso cuando esa verdad no luzca tan espectacular.
Multiplicando… Invertir al cierre de año
Más allá del simbolismo del Año Nuevo, el inicio de año tiene variables que inciden directamente en el mercado inmobiliario como ajustes fiscales, redefinición de portafolios de inversión y una mayor claridad sobre las expectativas económicas del año que comienza. En este contexto, la vivienda urbana bien ubicada mantiene su posición como uno de los activos más resilientes frente a la volatilidad.
En la Ciudad de México, corredores como Paseo de la Reforma reflejan esta tendencia. La combinación entre conectividad, oferta limitada de suelo y demanda constante ha permitido que la plusvalía se mantenga en niveles superiores al promedio de la ciudad, incluso en escenarios de desaceleración económica.
Analistas de University Tower, la torre residencial más alta de Paseo de la Reforma, coinciden en que este comportamiento responde a factores estructurales más que coyunturales, entre ellos la concentración de servicios, la cercanía a centros de empleo y la consolidación de la vivienda vertical como respuesta al crecimiento urbano.
A ello se suma una coyuntura relevante de este 2026: la alta ocupación que se espera por el Mundial de Futbol, que refuerza el atractivo de estos corredores para esquemas de renta y uso mixto.
Más que una apuesta especulativa, la inversión inmobiliaria en este momento responde a una lógica de preservación y crecimiento de valor a mediano y largo plazo, donde la verticalización, la ubicación y la calidad del producto inmobiliario se consolidan como variables clave para los inversionistas que buscan certidumbre en un entorno global aún marcado por la cautela.
