La trascendencia patrimonial de la Colección Gelman es tan significativa que amerita dedicar esta segunda entrega a reseñar cómo ha ocurrido esta salida de obra patrimonio de México, subasta, compra y nuevo destino de lo que parecía ser el legado más importante del matrimonio Gelman y su colección más codiciada.
Al inicio de la década de los ochenta, el curador de arte neoyorquino Robert Ross- Littman entró en contacto con Jacques Gelman con la intención de que le prestaran unas obras de Kahlo ya que él quería montar una retrospectiva de la pintora en la Galería de Artes Grey de Nueva York. Ahí comenzó una cercanía con el matrimonio al grado tal que termino viniendo a radicar en México, dirigir el hoy extinto Centro Cultural Arte Contemporáneo propiedad de Emilio Azcárraga y convertirse en el asesor de Natasha Gelman a la muerte de Jacques.
Fue el momento de ascenso y mayor cercanía de Littman y más aún de la colección. A grado tal de convertirse en el albacea de la colección mexicana y la otra europea con otro titular.
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En 1998, tras la muerte de Nathasa, el curador de arte Littman se encargó en repetidas ocasiones de mencionar que la obra mexicana –varias de las piezas están catalogadas como patrimonio artístico nacional– permanecerían reunidas en un recinto privado, ya que así lo dispuso la señora Gelman. Parecía cumplirse en primera instancia la voluntad testamentaria en 2003 cuando en Cuernavaca, la empresa Cotsco CM junto con la recién creada Fundación Vergel del propio Littman llegaba a un acuerdo de abrir un espacio en el centro Cultural Muros y fuese la sede depositaria de la colección de arte mexicana de los Gelman por espacio de más de una década.
A penas y cinco años corrían de aquella exhibición del acervo artístico de los Gelman, cuando una demanda para inhabilitarlo como albacea por el propio hijo de Mario Moreno Cantinflas, Ivanova alegaba que él era el verdadero heredero y albacea de la colección, como así lo había dicho el cómico en repetidas ocasiones, derivado de ser uno de los amigos del matrimonio , no sólo como productores de las películas sino quien acercó, contribuyó y presentó a los artistas que eran parte de tan codiciada colección.
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El alegato fue desechado, el hijo adoptivo del actor jamás pudo comprobar sus dichos y Robert Ross-Littman decidió retirar del centro cultural la colección. A partir de ese momento todo fue sospechoso, misterioso e incierto.
Una desastrosa subasta en noviembre de 2024 Modern Day de Sotheby´s comenzaba con un aviso, un lote, el marcado con el número 571 era retirado, estaba integrado por la obra Caballo en el circo de la pintora mexicana María Izquierdo a la que el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) pedía sacarla de la subasta hasta no esclarecer la salida legal de la pieza.
Estábamos frente a un problema fuerte de salida de patrimonio artístico de México. Y el remate de este desastre institucional es el reciente anuncio del destino y recinto para la Colección Gelman: El Faro Santander en Cantabria, Santander en España, tras la adquisición de 160 piezas del acervo por parte de la Familia Zambrano, empresarios cementeros regiomontanos, quienes hasta hoy se hace público su nombre y las preguntas de cómo pudo Littman vender esta colección sin que el gobierno de México interviniera o supervisara que las obras que son patrimonio artístico del país no impidieran su salida.
Hasta el momento no tenemos ninguna investigación o postura pública por parte de las autoridades mexicanas, el Banco Santander en un comunicado oficial ha declarado que tanto el INBAL como la Secretaría de Cultura aclararon los temas legales y los deseos testamentarios de Natasha Gelman, que no han incurrido en ninguna falta legal.
Y puede que estén en lo cierto. El silencio del vendedor, de las instancias responsables de cuidar, proteger y resguardar el patrimonio artístico de la nación son donde debe estar la respuesta. Por lo pronto, seguimos acumulando pérdida de valores artísticos de México.
