REGLA DE TRES

Sumando… Fortalecen EUA y México cooperación en seguridad y justicia

Otro punto relevante acordado durante los encuentros celebrados en las sedes de la SSPC y la FGR, a los que también acudió el embajador de EUA en México, Ronald Johnson, fue que se fortalecerá el intercambio de información. 

Relación México-EU en materia de seguridad y justicia.
Relación México-EU en materia de seguridad y justicia.Créditos: Cuartoscuro
Escrito en OPINIÓN el

Los mecanismos de colaboración entre autoridades de nuestro país, especialmente del Gabinete de Seguridad del Gobierno de México y la Fiscalía General de la República, con funcionarios de los Estados Unidos de América, particularmente el Buró Federal de Investigaciones (FBI)  por sus siglas en inglés, son cada vez más estrechos.

Así lo dejan ver las reuniones que sostuvieron los titulares de la Fiscalía General de la República, Ernestina Godoy Ramos, y de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, con el director de la agencia estadounidense, Kash Patel, desarrolladas la semana pasada.

Algo que quedó claro en dichos encuentros fue que las operaciones para la detención de generadores de violencia y de objetivos prioritarios que impactan a ambos países han ido en aumento, lo que ha sido en beneficio de ambas naciones.  

Además, con ello se robustece lo dicho por la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el pleno respeto a nuestra integridad territorial, que se traduce en que la coordinación bilateral no es sinónimo de estar a las órdenes del vecino país del norte.

Otro punto relevante acordado durante los encuentros celebrados en las sedes de la SSPC y la FGR, a los que también acudió el embajador de EUA en México, Ronald Johnson, fue que se fortalecerá el intercambio de información.  

Sin duda, buenas noticias para nuestro país, lejos del funesto escenario que algunas voces quisieran que se presentara en que la unión americana violentara nuestra soberanía, con el pretexto de terminar con los carteles de la droga. Cooperación sí, subordinación no.

Restando… Doomsday Clock: La breve noche de la humanidad

En cuestión de minutos, el llamado Reloj del Juicio Final (Doomsday Clock) volverá a marcar su fatídico instante y con ello se renovará el pulso de la ansiedad global. No se trata de una profecía ni de un artefacto apocalíptico, se trata de una advertencia construida por científicos que entienden que el mayor riesgo para la humanidad no es el azar, sino la suma de decisiones mal tomadas.

Cada enero, el Bulletin of the Atomic Scientists presenta su diagnóstico del estado del mundo. No porque el peligro ocurra una vez al año, sino porque alguien tiene que atreverse periódicamente a ponerle número a nuestra incertidumbre colectiva. Y este año, como en los anteriores, el reloj no retrocede.

Los riesgos que se perfilan para este 2026 son múltiples y profundamente interconectados. El peligro nuclear está de regreso en el centro del escenario internacional, impulsado por conflictos activos, el debilitamiento de los acuerdos de control armamentista y una retórica cada vez más banal sobre el uso de la fuerza extrema.

A esto hay que sumar una crisis climática que ya no es una amenaza futura, sino un factor presente en la desestabilización política, económica y social. Fenómenos extremos, escasez de recursos y desplazamientos amenazan a Estados frágiles y erosionan consensos internos.

Paralelamente, la aceleración tecnológica –particularmente de la inteligencia artificial aplicada a la guerra, la vigilancia y la desinformación– avanza a un ritmo muy superior al de cualquier otro marco ético o regulatorio. Todo esto ocurre en un contexto de gobernanza global debilitada, con instituciones multilaterales cuestionadas y reglas cada vez más ignoradas.

El reloj del juicio final fue creado precisamente para señalar este tipo de momentos. Nació en 1947, impulsado por científicos del Proyecto Manhattan que comprendieron antes que nadie el dilema moral del poder tecnológico sin control político. El reloj no mide el tiempo real que le queda al mundo, sino la distancia simbólica entre la humanidad y su propia capacidad de autodestrucción. No pretende adivinar el futuro, sino diagnosticar el presente: mientras más cerca esté la medianoche, menor es el margen para el error humano.

A diferencia de otros momentos históricos, la peligrosidad del presente no reside únicamente en la magnitud de las amenazas, sino en la pérdida de reflejos colectivos para gestionarlas. La política internacional parece haber normalizado la crisis permanente: guerras prolongadas sin salida diplomática clara, emergencias climáticas tratadas como anomalías pasajeras y avances tecnológicos celebrados sin una discusión pública sobre sus consecuencias. No es que el mundo avance inevitablemente hacia el desastre, sino que ha reducido de forma alarmante su capacidad de corregir el rumbo.

La evolución del reloj en los últimos años es elocuente. Tras haber alcanzado 17 minutos antes de la medianoche en 1991, al final de la guerra fría, comenzó un avance casi constante. En 2018, durante el primer gobierno de Donald Trump, el reloj fue adelantado a dos minutos de la medianoche. El Bulletin of the Atomic Scientists justificó entonces la decisión por el deterioro del lenguaje diplomático, el abandono de acuerdos internacionales clave, la banalización de la amenaza nuclear y el desprecio por el consenso científico en materia climática. Aquella no fue una sanción política sino una advertencia institucional.

Bajo este contexto, no sería descabellado anticipar una nueva presión sobre el Reloj del Juicio Final durante el segundo período de Donald Trump. Las amenazas territoriales –como las expresadas sobre Groenlandia–, una guerra arancelaria de efectos sistémicos, una política migratoria que erosiona principios básicos de derechos humanos y un marcado distanciamiento de los organismos multilaterales, no son hechos aislados, sino señales de una lógica de poder que debilita los mecanismos de contención global.

Sumando… Tuhabi adquiere Pulppo

Tuhabi, la plataforma especializada en vivienda usada y primer unicornio latinoamericano, adquirió la aceleradora inmobiliaria Pulppo, la cual agrupa una red de inmobiliarias y más de 800 asesores en su plataforma tecnológica.

La compra es una evolución natural de Tuhabi para transformar el mercado de vivienda usada y continuar facilitando la compra-venta de estos inmuebles. La proptech ha colocado la Inteligencia Artificial en el núcleo de su modelo: desde agentes que automatizan visitas y documentos, hasta avalúos instantáneos y procesos legales digitalizados. Gracias a ello, ha logrado transacciones 35% más rápidas, reducciones cercanas al 50% en costos y lanzamientos hasta seis veces más veloces.

Con la adquisición, Tuhabi busca un modelo en el que su inventario, inteligencia de datos, sus herramientas comerciales y soluciones financieras, coincidan con el ecosistema de inmobiliarias y asesores de Pulppo, con el objetivo de alcanzar una participación cercana al 20% de las transacciones de vivienda usada en el 2030.

Multiplicando… El leasing de autos seminuevos llegó para quedarse

A pesar de mover más de 7 millones de transacciones anuales, el mercado de autos usados en México sigue altamente fragmentado y con bajos niveles de formalización; el principal jugador concentra apenas alrededor del 2% de participación. Esta dispersión histórica había impedido hasta ahora el desarrollo de modelos financieros más sofisticados, como el arrendamiento de vehículos seminuevos.

WAHU, fintech y autotech mexicana especializada en la compra, venta y arrendamiento de autos seminuevos certificados, ha cambiado este paradigma al habilitar esquemas de arrendamiento de autos seminuevos altamente flexibles, que permiten cancelar el servicio o ejercer la opción de compra desde el primer mes.

La respuesta del mercado ha sido clara. WAHU, liderada por Rodrigo y Andrés de la Piedra,  registró un crecimiento de 200% en operaciones, con 50% de sus clientes optando por esquemas de arrendamiento frente a la compra tradicional. El monto promedio de sus contratos se sitúa en 600 mil pesos con plazos que van de 12 a 60 meses, lo que refleja un cambio en la forma en que los consumidores priorizan el flujo de efectivo sobre la propiedad.