El ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, anunció en septiembre pasado, cuando asumió el cargo, que la austeridad sería uno de los ejes fundamentales de la nueva Corte; para sorpresa de nadie, no fue así.
En aquél entonces, señalo que la austeridad significaba “erradicar el dispendio, los privilegios indebidos y el nepotismo”.
Pero bastaron unos cuantos meses para que ese discurso se cayera y lo hiciera de forma estrepitosa.
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La semana pasada se dio a conocer que la Corte adquirió camionetas Jeep Grand Cherokee blindadas con un valor superior al millón de pesos.
La razón -o excusa- fue que los vehículos anteriores ya no cumplían con los estándares adecuados de seguridad, además de que, según la normativa de 2019, hay que renovar sus vehículos cada cuatro años para que sigan siendo súper seguros para los ministros.
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En este comunicado, la SCJN señaló que la compra se hizo a la par de la venta de un número mayor de vehículos previos; o sea, que casi casi salieron regaladas.
Pero al día siguiente, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la Corte hizo una jugada maestra de finanzas a través de un cambio de esquema: en lugar de arrendarlas, ahora las compraron y se “ahorraron” más de “mil millones de pesos”.
Sin embargo, esa jugada maestra no alcanzó para soportar la presión de quienes “votaron” por la austeridad de la Corte y los ministros decidieron, muy buena onda, no utilizar las camionetas adquiridas, por lo que serían devueltas o reasignadas a jueces que enfrenten mayores riesgos.
Bueno, hasta Gerardo Fernández Noroña salió a decirles “torpes” por haberlas devuelto.
De toda esta crónica, una cosa queda clara: la austeridad, otra vez, es un mito; porque mientras por un lado hablan una y otra vez de un Poder Judicial distinto, por otro hacen gastos millonarios irracionales, como el pago de 1.2 millones de pesos por una ceremonia indígena de “purificación”.
Ojalá que el ministro presidente Hugo Aguilar recordara sus propias palabras cuando se negaba a usar la toga: “la verdad es que es una cosa que yo recibí de manera reiterada en los pueblos: que yo no me convierta en un funcionario tradicional. Porque ya hemos tenido casos en donde personas indígenas ocupan algún escaño, ocupan algún espacio de poder y se pierden, se olvidan de sus bases”.
