Abrimos este 2026 sin rumbo ni brújula, con las fronteras del Derecho Internacional desconocidas por el neoimperialista de Donald Trump y sus secuaces que se imponen con la soberbia del cínico con sus propias reglas que consideran más justicieras que cualquier acuerdo surgido tras la Segunda Guerra Mundial que trató de poner orden a las armas y la pacificación al planeta. Ya todo eso no tiene sentido ante la soberbia poderosa del delirante presidente de Estados Unidos y para sus fueros, el nuevo líder del orden regional de América Latina.
Lo ocurrido el pasado sábado 3 de enero con Venezuela y los primeros efectos desatados por parte de Estados Unidos, poco a poco desmantela el poder de los organismos internacionales que se vuelven en meros espectadores de una realidad y mensaje que Trump envía al mundo entero: la ilegitimidad es la regla, autodefinido como el cínico poderoso, proclamándose como el mesías del continente, cuasi héroe que limpiará a América Latina de la corrupción, el “terrorismo narcótico”; la migración y volverá a construir a Estados Unidos como la nación modelo para el mundo.
Bajo esa ideología y acción bélica que está imponiendo desde la Casa Blanca su líder inmoral y todopoderoso de Trump y sus pillos, México se encuentra en la posición más incómoda y frágil por ser la bisagra de América Latina, en lo geográfico, lo ideológico, lo comercial y ser el líder moral del resto de América del Sur.
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De ahí que la actuación desde la presidencia nacional, la cancillería mexicana y la representación para las mesas de negociaciones del T-Mec son definitivas para la seguridad, la política internacional y la economía e inversión en el futuro
próximo de nuestro país.
Sin tibiezas ni violencia, el gobierno federal y los comisionados negociadores en política exterior y comercio son claves para frenar las intenciones cínicas y violentas de Trump ante lo que es ilegítimo pero en él consecuente y necesario: invadir, inmiscuirse en la política interna de las naciones, violentar la soberanía y los acuerdos, tratados de los organismos como la ONU que hoy ha quedado relegado al extremo de su desprecio e ilegitimidad para las ambiciones neoimperalistas del presidente de Estados Unidos.
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Imposible sentirse y creer que el caso de Venezuela es entre dos naciones, y que no tiene impacto para nuestro país, para la economía, la política internacional y la conservación de nuestra seguridad y soberanía. El todopoderoso megalómano de Trump ya comenzó a despertar y sus ambiciones neoimperiales apenas dieron el primer manotazo al continente americano. México es su aliado y su enemigo íntimo, aquí encuentra el alfil de su jugada al tiempo que es el tablero de su ajedrez, esa ambivalencia es lo que pone en crisis las relaciones entre unos y otros.
En este 2026 están las agendas y las piezas del ajedrez por moverse del tablero: el T-Mec; la persecución a los líderes de los cárteles, la migración, el mundial de Futbol, la política exterior y la frontera. Temas que antojan una serie de conflictos con la mirada del cínico caprichoso que se autodefine neoimperialista.
Abramos la discusión: @salmazan71
