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En este 2026 no hay ningún motivo para el optimismo en el flanco este europeo. En este amanecer de año no se avizora la paz en Ucrania a pesar de que el presidente de Estados Unidos se ha involucrado en el proceso durante los últimos 12 meses.
El año 2026 comienza en el frente de Ucrania tal y como terminó el 2025: sin luz, bajo la amenaza constante de drones y con pocas esperanzas de una mejora.
La estrategia estadounidense ha consistido en presionar al más débil y premiar al agresor.
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Ucrania ha mostrado disponibilidad para encontrar una solución, incluso ha aceptado la dolorosa concesión de que Rusia mantenga los territorios ocupados del este y el sur, es decir, Ucrania estaría dispuesta a perder un quinto de su territorio.
Pero el presidente ruso, Vladimir Putin, ha rechazado rotundamente cualquier compromiso, frustrando cualquier posibilidad de que el diálogo tenga resultados.
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Así que Ucrania y Europa afrontan este nuevo año con pocas ilusiones, con poco optimismo. Con incertidumbre política, sin expectativas de que el presidente ruso Putin tenga intención de poner fin a esta guerra sin alcanzar sus objetivos.
El 2026 se caracterizará por la continuidad del rearme europeo. Prácticamente todos los miembros de la OTAN cumplen el compromiso de gastar 2 por ciento del PIB en defensa, como acordaron en 2014.
Este año promete que las compras armamentistas en Europa superen las cifras registradas en los años de la Guerra Fría. Europa está convencida de que Putin no se detendrá en Ucrania.
El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte ha señalado que Rusia podría estar preparada para utilizar la fuerza militar contra los países aliados en un plazo de cinco años.
“Rusia podría estar lista para usar la fuerza militar contra la OTAN en un plazo de cinco años. Cinco años. No nos engañemos, ahora todos estamos en el flanco oriental. La nueva generación de misiles rusos viaja a una velocidad muy superior a la del sonido. La distancia entre las capitales europeas es solo cuestión de minutos”.
Pero sin duda el tema que seguirá dominando la agenda serán las políticas dictadas por el presidente estadounidense Donald Trump.
No solo en materia económica, con su política unilateral y arancelaria, también en el ámbito exterior, con lo que haga en Sudamérica, en donde ha demostrado que no se tienta la mano para emplear el uso de la fuerza militar en violación de los principios del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Y es precisamente la preservación y defensa de esos derechos internacional y del sistema multilateral construido desde la Segunda Guerra Mundial, la prioridad central de la Unión Europea en este 2026.
Las instituciones europeas trabajarán con la finalidad de evitar que el resultado del mundo, que se encuentra en construcción sea la ley del más fuerte sobre el más débil.
