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¿Qué tanto quiere Estados Unidos petróleo de Venezuela? Lejos de tratarse solo de un tema energético, el conflicto mezcla viejas disputas por la nacionalización petrolera, intereses empresariales, sanciones económicas y una compleja red de alianzas internacionales. En entrevista con MVS Noticias, la académica Miriam Grunstein analiza el trasfondo de la postura estadounidense, los riesgos de una intervención y el profundo deterioro de la industria petrolera venezolana.
El petróleo como detonante del discurso de Trump sobre Venezuela
Miriam Grunstein, académica asociada al James Baker Institute de la Rice University, explicó que el enfoque inicial del expresidente Donald Trump fue abiertamente petrolero, lo que encendió alertas por su similitud con intervenciones pasadas de Estados Unidos en Medio Oriente.
“En un principio, Donald Trump hablaba únicamente de petróleo. Entonces parecía que estábamos replicando un escenario parecido al de Irak, pero saliendo del clóset por una manera”.
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La especialista recordó que, a diferencia de administraciones anteriores que justificaban sus acciones con argumentos democráticos o de derechos humanos, Trump fue directo al señalar la pérdida de intereses económicos tras la nacionalización de la industria venezolana.
“El presidente Trump se ha mantenido diciendo que quieren de vuelta el petróleo que se les quitó cuando a las empresas estadounidenses se les nacionalizó la industria alrededor de 2002, 2003, con Chávez”.
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Nacionalización, arbitrajes y un conflicto mal cerrado
Grunstein detalló que la política petrolera de Hugo Chávez no fue una expropiación clásica, sino la imposición de asociaciones forzadas con PDVSA que resultaron poco rentables para las empresas extranjeras.
“Fuerza a las empresas norteamericanas a llegar a un régimen de asociación con PDVSA que no les favorece, que es mucho menor rentable para las empresas norteamericanas y europeas”.
Algunas compañías optaron por llevar el caso a arbitrajes internacionales, procesos que —según explicó— son largos, costosos y con resultados inciertos.
De la diplomacia a la confrontación abierta
Para Grunstein, “Trump dice ahora: se acabaron las medidas diplomáticas, se acabaron las maneras de negociación. Yo, en nombre de las empresas petroleras norteamericanas —y yo no sé quién le dio esa atribución— voy a reclamar el petróleo”.
La académica subrayó que este viraje resulta aún más desconcertante en un contexto donde Estados Unidos ya no depende del petróleo venezolano.
El plan de tres pasos y una estabilización que podría durar una década
Grunstein señaló que, en contraste con Trump, el senador Marco Rubio ha articulado un discurso más estructurado, basado en un plan de estabilización, restauración y transición política. Sin embargo, advirtió que el primer paso podría prolongarse mucho más de lo previsto.
“Yo creo que la estabilización se va a quedar diez años, porque estabilizar políticamente a Venezuela es una tarea complejísima. El chavismo no ha muerto, para nada”.
Incluso alertó sobre escenarios de caos que podrían tener impactos más allá de las fronteras venezolanas.
“Puede armarse un despiporre absoluto que desestabilice por razones políticas el orden económico, por lo menos de este hemisferio”.
El deterioro absoluto de la industria petrolera venezolana
En el plano energético, la evaluación de Grunstein es contundente: la industria petrolera venezolana está profundamente dañada tras años sin inversión y bajo sanciones económicas.
