¿Alguna vez has sentido que una simple diferencia de opinión termina en una guerra innecesaria? La Ley Trasciende nos invita a dejar de ver los conflictos como batallas y empezar a verlos como oportunidades de crecimiento mutuo. No se trata de discutir menos o de tener la razón, sino de discutir mejor, destaca el especialista en psicología de la interacción Sergio de Vocht, quien ofrece claves fundamentales para sentirnos “infinitamente mejor con nosotros mismos y los demás”.
El origen de nuestros malestares
De Vocht señala que muchas veces el malestar nace del roce, del desencuentro o de una palabra mal dicha. Según su enfoque, que desarrolla en el libro Aprende a discutir mejor, nuestros sufrimientos suelen ser sociales, no individuales.
Cuando discutimos, operamos como seres primitivos intentando sobrevivir. Esta Ley Trasciende en la interacción humana nos recuerda que, a menudo, nos sentimos mal no porque tengamos un problema interno, sino porque el entorno moldea nuestra mirada. Olvidamos que nuestra identidad es algo vivo, influenciada por la cultura, lo que nos aísla innecesariamente.
Te podría interesar
Claves para una interacción constructiva
Para que una discusión genere bienestar, debemos partir de la humildad. Reconocer que somos seres torpes y limitados es el primer paso. Cualquier explicación que demos siempre será incompleta, ya que se nos escaparán factores y matices.
Debemos estar atentos cuando aparezca nuestra "tontería disfrazada de seguridad". Muchas veces, lo que nos duele en una discusión es que el otro ponga en duda la imagen segura que tenemos de nosotros mismos. Entender que el conflicto no es un ataque personal, sino una forma torpe de protección del otro, es parte fundamental de la Ley Trasciende que propone este experto.
Te podría interesar
Traduciendo los ataques verbales
Cuando alguien nos señala, nos acusa o nos marca una debilidad, no está hablando únicamente de nosotros; se está refiriendo, sobre todo, a sí mismo. En lugar de rechazar el mensaje o entrar en defensa propia, debemos aprender a "traducirlo".
Esto implica quitarle las connotaciones automáticas a los juicios ajenos. Si alguien nos habla con enfado, no significa necesariamente que nos esté degradando; simplemente está expresando su propia emoción con los recursos lingüísticos que posee en ese momento.
Un cambio de mirada hacia el bienestar
Al aplicar este enfoque, la forma de abordar los conflictos cambia radicalmente. No exigimos que el otro mida perfectamente lo que dice, sino que desarrollamos nuestra capacidad de no recibir sus palabras como una humillación.
Al entender las relaciones desde esta perspectiva más amplia, surge la humildad necesaria para decir: “qué torpe soy”, en lugar de tomarse todo como algo definitivo. En última instancia, adoptar una nueva conciencia, como la Ley Trasciende, nos permite comprender que las emociones son demasiado complejas para reducirlas a culpables o verdades absolutas, permitiéndonos vivir en armonía.
Con información de EFE.
