SALUD

Hambre emocional: cómo reconocerla y aprender a controlar el impulso de comer sin necesidad física

“Para muchas personas con sobrepeso la cuestión no es qué comer, sino cuándo parar de comer”, recalcan desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Aprender a gestionar nuestras emociones es el primer paso para una relación saludable con la comida.
Aprender a gestionar nuestras emociones es el primer paso para una relación saludable con la comida.Créditos: Canva.
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¿Alguna vez has sentido un impulso irrefrenable de comer tras un día estresante o una discusión? Esta sensación es lo que conocemos como hambre emocional, un fenómeno donde la comida se utiliza para gestionar sentimientos en lugar de satisfacer una necesidad biológica. Según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), para muchas personas con sobrepeso el verdadero reto no es qué poner en el plato, sino aprender cuándo parar de comer y distinguir los estímulos psicológicos de los fisiológicos.

¿Hambre real o hambre psicológica?

Es fundamental saber diferenciar entre la necesidad física de nutrientes y la ansiedad. El IMEO describe el hambre emocional como un estado nutrido por factores externos e internos que no tienen que ver con el estómago vacío, tales como:

  • Estrés y ansiedad: El cortisol elevado impulsa la búsqueda de "comida reconfortante".
  • Tendencia depresiva: El uso del azúcar como un "parche" anímico temporal.
  • Aburrimiento o glotonería: Comer por falta de estímulos o por hábito recreativo.
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Señales de alerta de la ingesta compulsiva

Rubén Bravo, portavoz del IMEO, señala pistas claras para detectar si estamos ante un episodio de alimentación descontrolada:

  • Velocidad excesiva: Comer rápido y terminar el plato en pocos minutos.
  • Falta de disfrute: Ingerir alimentos sin saborearlos realmente.
  • Cantidades desproporcionadas: Consumir mucho más de lo habitual en una sola sentada.
  • Picoteo constante: Comer de forma errática antes de las comidas principales.

Consejos prácticos para controlar el impulso

Para rebajar los niveles de estrés que favorecen estas conductas, los expertos sugieren realizar cambios en el estilo de vida que estabilicen nuestro sistema nervioso:

  • No te saltes comidas: Mantener niveles estables de glucosa evita ataques de ansiedad.
  • Huye de las dietas extremas: Las restricciones severas aumentan la obsesión por la comida y limitan la vida social.
  • Higiene del sueño: Dormir entre 7 y 8 horas diarias ayuda a regular las hormonas del hambre.
  • Reduce los estimulantes: Eliminar la cafeína (café, té y bebidas energéticas) disminuye el nerviosismo basal.
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Aprender a gestionar nuestras emociones es el primer paso para una relación saludable con la comida. Al identificar los disparadores del hambre emocional, podemos retomar el control sobre nuestra salud y bienestar general, evitando que la ansiedad dicte nuestra dieta.

Con información de EFE.