Los riñones desempeñan un papel fundamental en el equilibrio y buen funcionamiento del cuerpo humano, aunque con frecuencia pasan desapercibidos hasta que presentan alguna alteración.
Más que filtrar sangre: las tareas vitales de los riñones
Estos órganos son responsables de filtrar la sangre, eliminar desechos y regular múltiples procesos que permiten al organismo mantenerse estable.
El cuerpo cuenta con dos riñones, ubicados a ambos lados de la columna vertebral, debajo de las costillas. Su función principal es depurar la sangre, eliminando toxinas y el exceso de líquidos que posteriormente se expulsan a través de la orina.
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Cada riñón contiene cerca de un millón de nefronas, estructuras microscópicas encargadas de realizar esta labor de filtración de manera continua.
Además de limpiar la sangre, los riñones regulan el balance de minerales como sodio, potasio y calcio, contribuyendo al equilibrio interno del cuerpo.
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También participan en el control de la presión arterial mediante la producción de hormonas, ayudan a activar la vitamina D necesaria para la salud de los huesos y estimulan la formación de glóbulos rojos a través de la eritropoyetina.
¿Qué síntomas pueden aparecer cuando los riñones fallan?
Cuando los riñones comienzan a fallar, estos procesos se ven afectados y pueden aparecer complicaciones importantes.
Las enfermedades renales suelen avanzar de forma silenciosa, sin síntomas claros en las primeras etapas.
Con el tiempo, pueden presentarse señales como cansancio persistente, inflamación en piernas o tobillos, cambios en la orina, dificultad para concentrarse y aumento de la presión arterial.
¿Cómo reducir el riesgo de enfermedad renal?
Entre los principales factores de riesgo se encuentran la diabetes, la hipertensión, el consumo excesivo de sal, el sobrepeso, el tabaquismo y el uso frecuente de medicamentos sin supervisión médica, especialmente analgésicos.
El cuidado renal empieza con hábitos cotidianos. Una hidratación adecuada facilita la eliminación de toxinas, mientras que una alimentación balanceada, baja en sal y productos ultraprocesados, reduce la carga de trabajo de los riñones.
Consumir frutas, verduras, cereales integrales y proteínas de calidad favorece su correcto funcionamiento.
Controlar enfermedades crónicas, evitar la automedicación, realizar actividad física regular y acudir a revisiones médicas periódicas son acciones clave para proteger los riñones y preservar una buena calidad de vida a largo plazo.
