La tendencia conocida como 'That Girl' ha inundado las plataformas digitales, mostrando una versión idealizada de la rutina femenina que comienza puntualmente a las 5 a.m. Este estilo de vida, que incluye sesiones de pilates, desayunos estéticos de avena, journaling y rituales de skincare, se presenta como el estándar de éxito personal. Sin embargo, detrás de esta estética perfecta de 'That Girl', se esconde una narrativa de hiperproductividad que puede resultar agotadora, pues fomenta la idea de que cada minuto del día debe ser una inversión para producir más, dejando poco espacio para el descanso real.
Productividad vs. Hiperproductividad: ¿Dónde está el límite?
Aunque a simple vista parece una búsqueda de bienestar, los expertos advierten sobre la delgada línea entre ser funcional y caer en la obsesión. Soraya Sánchez Ruiz, psicóloga sanitaria, explica que la productividad saludable es equilibrada y busca metas sin sacrificar la salud. Por el contrario, la hiperproductividad nace del miedo al fracaso y genera una ansiedad constante por obtener resultados.
Por su parte, el sociólogo Sergio Torrejón Pérez prefiere el término "cultura de la hiperactividad". Según el especialista, hoy en día se busca aprovechar cada instante para mejorar el currículum, el cuerpo o la imagen personal, convirtiendo el tiempo libre en una "inversión" obligatoria en uno mismo en lugar de un espacio de desconexión.
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El rol de las redes sociales y la meritocracia
La consolidación de esta cultura responde a dos pilares fundamentales:
- Individualismo y Meritocracia: Se premia el esfuerzo personal como único motor del éxito, haciendo que tener la agenda llena sea el nuevo símbolo de estatus.
- Validación Digital: Las redes sociales actúan como un escaparate donde la productividad es "performativa". Mostramos estar ocupados para encajar en un estándar socialmente deseable.
Paradójicamente, mientras se proyecta esta vida de 'That Girl', muchas personas pasan horas en actividades pasivas como el scrolling, generando una desconexión entre la imagen de éxito y la realidad cotidiana.
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Consecuencias para la salud mental
El costo de intentar mantener este ritmo es elevado. La autoexigencia extrema y la hipervigilancia pueden derivar en:
- Estrés crónico y agotamiento mental.
- Autoestima dependiente de los resultados diarios.
- Enfermedades psicosomáticas y depresión.
"O aprendemos a parar, o será el cuerpo quien nos pare", advierte Sánchez Ruiz, señalando que el cerebro puede llegar a creer que la productividad constante es necesaria para la supervivencia, ignorando las señales de agotamiento físico.
Hacia un equilibrio real
No se trata de rechazar las rutinas o el autocuidado, sino de reclamar la autonomía sobre nuestro tiempo. Durante las primeras semanas de 2026, ha surgido un movimiento de resistencia: la vuelta a lo analógico. El uso de cámaras digitales y dispositivos sin conexión es una señal de que las nuevas generaciones están agotadas del modelo digital y buscan recuperar su atención.
En conclusión, la clave reside en una productividad sana que respete los límites individuales. Seguir el estilo de vida de 'That Girl' solo es valioso si nace de un deseo genuino de bienestar y no de la presión por cumplir con un apartamento de Instagram o una cafetera de lujo. Al final del día, el verdadero éxito es aquel que nos permite disfrutar del ocio desde la calma, recordando que ser 'That Girl' no debería ser una obligación, sino una opción saludable y consciente.
Con información de EFE.
