REGLA DE TRES

Dividiendo… Familia de cuidado

Alejandro Álvarez Puga e Inés Gómez Mont dejaron de ser vistos como empresarios exitosos para convertirse en el centro de un caso de presunta corrupción.

Víctor Álvarez Puga, esposo de Inés Gómez Mont, fue detenido con fines migratorios en septiembre de 2025
Víctor Álvarez Puga, esposo de Inés Gómez Mont, fue detenido con fines migratorios en septiembre de 2025 Créditos: IG: @inesgomezmont
Escrito en OPINIÓN el

Luego de que se dio a conocer la captura de Alejandro Mario Álvarez Puga y se aclaró que su detención nada tiene que ver con el asunto que involucra a su hermano Víctor Manuel Álvarez Puga, queda claro que la forma honesta de vida para esta familia, no es lo suyo.

Mientras a Alejandro se le llevó a proceso por su posible participación en el delito de defraudación fiscal, al imputársele la omisión del pago del Impuesto Sobre la Renta, correspondiente al ejercicio fiscal 2016, en perjuicio del fisco federal, a Víctor, al igual que a su esposa, Inés Gómez Mont, se les requiere en México, por su probable participación en los delitos de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

En el caso de Víctor Álvarez Puga, quien fue detenido con fines migratorios en septiembre de 2025 y su próxima audiencia se encuentra programada para noviembre de 2026, la FGR trabaja en la petición formal de extradición con la cual se acrediten diversos factores que solicita la autoridad estadounidense.

Si bien continúa sujeto al procedimiento migratorio, Estados Unidos le concedió libertad mediante el pago de una fianza y la colocación de un dispositivo de geolocalización. En cuanto a su esposa, también se presentó la solicitud de detención provisional con fines de extradición en su contra y se sigue el procedimiento para la solicitud formal de extradición.

Pero mientras sean peras o manzanas, el clamor de la opinión pública es que a los tres se les juzgue con todo el peso de la ley y que sus triquiñuelas no queden impunes. La percepción sobre ellos, pasó de verlos como empresarios exitosos a ser los artífices de una gran red de corrupción que afectó sensiblemente al patrimonio público.

Sumando… La OTAN, renovarse o morir

La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) celebrada hace unos días no solo dejó acuerdos para acelerar la producción de armamento, fortalecer las capacidades de inteligencia artificial, ciberseguridad y sistemas no tripulados, mantener el respaldo militar a Ucrania y consolidar el incremento del gasto en defensa de los países aliados. También confirmó que la Alianza Atlántica atraviesa una nueva etapa de transformación.

Más allá de los montos de inversión, las declaraciones políticas y los mensajes dirigidos a Rusia, la verdadera noticia es que la OTAN, una vez más, ha demostrado una extraordinaria capacidad para adaptarse a un mundo que cambia con rapidez. Después de ocho décadas, sigue vigente porque ha entendido que, en política internacional, renovarse no es una opción: es una condición para sobrevivir.

Pocas organizaciones internacionales pueden presumir una trayectoria semejante. La OTAN nació en 1949 con un objetivo perfectamente definido: contener la expansión de la Unión Soviética y garantizar que un ataque contra cualquiera de sus miembros sería respondido por todos. Aquella promesa de defensa colectiva, plasmada en el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, se convirtió en uno de los pilares de la estabilidad europea durante la Guerra Fría. Su razón de existir era clara y su adversario estaba perfectamente identificado.

Cuando el Muro de Berlín cayó en 1989 y la Unión Soviética desapareció dos años después, parecía inevitable que la organización siguiera el mismo camino. En lugar de extinguirse, la OTAN comenzó a redefinir su papel. Intervino en los conflictos de los Balcanes, incorporó antiguos integrantes del bloque socialista y amplió gradualmente su presencia hacia Europa del Este. La defensa territorial dejó de ser su única tarea para convertirse también en una organización dedicada a la gestión de crisis internacionales.

La siguiente transformación llegó con los atentados del 11 de septiembre de 2001. Por primera vez se activó el Artículo 5 para responder a un ataque terrorista. Afganistán desplazó a Europa como principal escenario operativo y durante dos décadas la lucha contra el terrorismo dominó la agenda estratégica de la Alianza. Parecía que los grandes enfrentamientos entre potencias pertenecían al pasado y que los conflictos del siglo XXI tendrían un carácter fuertemente asimétrico.

La historia volvió a cambiar de rumbo. La anexión rusa de Crimea en 2014 fue la primera señal de alerta. Ocho años después, la invasión a gran escala de Ucrania confirmó que la competencia entre Estados nunca había desaparecido y comenzó el mayor proceso de rearme desde el final de la Guerra Fría. La OTAN recuperó su función original de disuasión militar, pero ya no podía limitarse a reproducir las estrategias del siglo pasado.

Eso explica el verdadero significado de la cumbre. La organización entiende que las guerras del siglo XXI no se decidirán únicamente por el número de efectivos, tanques o aviones de combate. También dependerán de quién sea capaz de desarrollar mejores sistemas de inteligencia artificial, producir miles de drones a bajo costo, proteger sus redes digitales, asegurar el suministro de minerales estratégicos, fabricar municiones con rapidez y sostener una base industrial capaz de abastecer un conflicto prolongado. La seguridad ya no comienza en los cuarteles; comienza en las universidades, los centros de innovación, los laboratorios y las fábricas.

Durante las décadas posteriores al fin de la Guerra Fría predominó la idea de que la globalización reduciría el peso de la geopolítica y que la interdependencia económica haría cada vez menos probables los conflictos entre grandes potencias. Hoy sucede exactamente lo contrario. Las disputas por los semiconductores, los minerales críticos, las cadenas de suministro, la energía, el acceso a tecnologías estratégicas y el desarrollo de la inteligencia artificial demuestran que la competencia geopolítica ha vuelto a ocupar el centro del escenario internacional.

El comercio ya no sustituye al poder; se ha convertido en otra forma de ejercerlo.

México no forma parte de la Alianza Atlántica, pero sería un error pensar que sus decisiones nos son ajenas. La reorganización de la industria de la defensa occidental, la competencia tecnológica entre Estados Unidos, Europa, Rusia y China, así como la creciente importancia de sectores estratégicos, terminarán influyendo en el comercio, la inversión, la innovación y las cadenas globales de suministro de las que depende buena parte de la economía mexicana. La geopolítica ha dejado de ser un asunto exclusivo de los diplomáticos y los militares; hoy también determina dónde se invierte, qué tecnologías se desarrollan y quién liderará la economía del futuro.

Si por algo sigue siendo relevante la OTAN, es porque ha comprendido que las amenazas cambian constantemente y que las instituciones que pretenden perdurar deben cambiar con ellas. Al final, la historia de la Alianza Atlántica es también la historia del orden internacional contemporáneo: una sucesión de desafíos inesperados que obliga a reinventarse una y otra vez. En el siglo XXI, la supervivencia ya no depende únicamente del poder, sino de la capacidad para adaptarse.

Multiplicando… Nuevo jugador en el mercado de información crediticia

Equifax, una de las tres agencias más grandes de informes crediticios al consumidor, adquirió a Círculo de Crédito, el buró de crédito de más rápido crecimiento en México, por la cantidad de 750 millones de dólares. Para Equifax, México es uno de los mercados de crédito de más rápido crecimiento a nivel mundial, el segundo más importante de América latina, con las características de que más del 25 % de la población mexicana no tiene acceso a productos financieros formales, y casi el 44 % de la población no tiene una cuenta bancaria.

Círculo de Crédito, dirigido por Juan Manuel Ruiz Palmieri, cuenta con más de 80 millones de historiales crediticios, resguarda más de 2,000 millones de referencias crediticias y cuenta con más de 1,700 clientes, entre bancos, fintech de consumo/PYMEs, sofomes, sofipos, retail, y del sector telecomunicaciones, entre otros. La Sociedad de Información Crediticia ha tenido ingresos estimados en 134 millones de dólares durante los últimos 12 meses reportados a junio de 2026, un aumento del 31%, y un EBITDA ajustado de 62 millones de dólares, y proyecta mantener un crecimiento sostenible de doble dígito durante el 2026. Círculo.

Con esta adquisición, Equifax, con sede en Atlanta, expande su operación al mercado mexicano, ofreciendo a los clientes de Círculo de Crédito acceso a lo último en tecnología en la industria, como las capacidades nativas en la nube, la patentada EFX.AI y productos galardonados para la protección de identidad y prevención de fraude, todas enfocadas en desarrollar herramientas que impulsen el crecimiento de los clientes y fomenten la inclusión financiera.

Concluida la adquisición, Ruiz Palmieri y el equipo directivo de Círculo de Crédito continuarán al frente de la compañía, que se integrará a la unidad de negocios de Equifax International. La transacción está sujeta al cumplimiento de las condiciones habituales de cierre y aprobación de las autoridades regulatorias correspondientes, y se prevé que concluyan durante el último trimestre de 2026.