Hace calor. Pero no sólo se está calentando la Ciudad de México. También se está calentando la política. Un atentado en Teotihuacán, un escándalo por la estancia del hijo de un secretario en la residencia oficial de la embajada de México en Londres, acusaciones de Estados Unidos contra funcionarios públicos por presuntos vínculos con el narcotráfico, un gobernador con licencia por una investigación en su contra, unos agentes extranjeros en Chihuahua.
A eso hay que añadirle el clima electoral. Las elecciones intermedias siempre han sido una negociación de poder. De ahí que la capital federal se llene de marchas y manifestaciones. Todos, a su manera, quieren sacar tajada del desorden. Así funciona la política. Por si fuera poco, es imposible ignorar que estas problemáticas se presentan en vísperas de la revisión del T-MEC.
Ahora bien, para los mexicanos las dos grandes preocupaciones siguen siendo la seguridad y la economía. Sobre lo primero, no parece haber mucha mejora. Sobre lo segundo, ni siquiera hace falta leer un comunicado del Banco de México, basta ir al mercado para saber que la inflación sigue haciéndose presente y el crecimiento económico, por ahora, se ve francamente magro.
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Por eso conviene no distraerse demasiado. Sí, las manifestaciones importan. Sí, las elecciones intermedias del próximo año serán una negociación feroz de candidaturas, alianzas y cuotas de poder. Sí, el T-MEC es una carta enorme sobre la mesa, y la incertidumbre comercial ya está pesando sobre la economía mexicana. Pero ninguna de esas piezas debería hacernos olvidar la pregunta más pedestre y más seria: ¿puede hoy una familia vivir con menos miedo y comprar con menos angustia?
El ambiente, en suma, está candente. Lo está el asfalto y lo está la conversación pública. Lo están los mercados y lo están las calles. Lo están los partidos, que ya calculan 2027, y lo están los ciudadanos, que calculan cuánto les alcanza.
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Si uno quisiera terminar con una nota de esperanza podría decir que quizá el Mundial ayude a bajar un poco la temperatura. Ojalá sirva para algo más que para vender camisetas y cerrar avenidas. Porque, por ahora, lo único claro es esto, el país hierve. Y cuando una olla hierve demasiado, lo inteligente es buscar la forma de bajarle al fuego.
(Héctor Zagal, autor de este artículo, conduce el programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal” en MVS 102.5 todos los sábados a las 17:00 y los miércoles a las 21:00. Es profesor de Filosofía en la Universidad Panamericana)
