OPINIÓN SERGIO ALMAZÁN

El séptimo mexicano

Gonzalo Celorio se impone como resistencia y referencialidad en un mundo de autores selfies, en tiempos de los ideales del tuit y las guerras como leitmotiv de sobrevivencia.

Gonzalo Celorio “sin el español no se entiende la identidad hispanoamericana”; sexto mexicano en recibir el Premio Cervantes.
Gonzalo Celorio “sin el español no se entiende la identidad hispanoamericana”; sexto mexicano en recibir el Premio Cervantes.Créditos: EFE
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Como hace medio siglo, el día de la cita en el Paraninfo de la Universidad de Henares de Alcalá llegó, fue el jueves 23 de abril -el día del aniversario 510 de la muerte de Cervantes, Shakespeare y el inca Garcilaso de la Vega, no solo para honrar la memoria literaria sino también a la lengua española que en palabras del escritor mexicano Gonzalo Celorio “sin el idioma español no se entiende la identidad hispanoamericana” ; quien se ha convertido en el sexto mexicano en ser reconocido con la máxima  presea que un escritor hispano puede aspirar: Premio Cervantes. Y con medio siglo en las letras, acudió con toda la memoria de sus lecturas, su dedicación, imaginación y su paciencia de relojero para ajustar las palabras en su narrativa que es la continuidad de los escritores mexicanos eruditos del llamado grupo de los contemporáneos  en temas que van del simbolismo latinoamericano y la herencia europea. Condiciones esenciales que definen lo que llamamos identidad nacional.

En el contexto actual tras superar la “pausa” entre México y España, el premio Cervantes al pensador Celorio recobra importancia por que, quién mejor que su literatura para volver a tender el puente que desde hace cinco siglos se ha ido construyendo entre dos culturas, dos civilizaciones, dos sociedades dos economías muchas ideologías y por demás expresiones que nos definen describen y dan razón de nuestros espejos que se reafirman, retroalimentan y expresan con la literatura como el pensamiento testimonial y tornaviaje donde van y vienen nuestras culturas que son compartidas con la naturaleza y tensión propias de dos mundos.

Gonzalo Celorio llegaba al salón de actos de la Universidad de Henares de Alcalá con la herencia de un padre descendiente de asturianos que migraron a México a finales del siglo XIX, y de una madre cubana. Ese mestizaje estaba como prueba irrefutable en el reconocimiento que aquel mediodía se testificaba al ser convertido en heredero cervantino. Por ello, su discurso iniciaba reconociendo al padre, quien lo vaticinó, llagaría a ser, llegaría a hacer, y hoy a poseer una lengua propia, una voz referencial en un tiempo en que las ideas son efímeras, Celorio conquista al antiguo viejo mundo con los tesoros ideados por una generación que le nutrieron del universo poético, narrativo, simbólico e intelectual de los años dorados de la literatura llamada contemporánea-Latinoamericana que se nutrió de los exiliados españoles.

¿Cómo conectar ese pensamiento de medio siglo atrás con los jóvenes de hoy? Esa diatriba abre nuevos caminos de herencia y memoria, de argumento e ideario a una nueva generación que está reconfortando el sentido y dirección de las razones y democracias en tiempos de intelectuales efímeros. Gonzalo Celorio se impone como resistencia y referencialidad en un mundo de autores selfies, en tiempos de los ideales del tuit y las guerras como leitmotiv de sobrevivencia. Y ahí está, con la mirada paciente del académico universitario, apostando sin descanso a la discusión de las ideas desde la palabra y el texto.

Porque como desde siempre el libro es  resistencia, persistencia y presencia para construir mundos posibles y perdurables. Gonzalo Celorio es el sexto mexicano que se convierte en una Familia ejemplar ante “ese montón de espejos rotos”.

Abramos la discusión: @salmazan71