REGLA DE TRES

Restando… El origen de la violencia

Decirle que sí a México para ordenar la venta de armas sería tanto como ponerle en balazo en el pie a las finanzas de las armerías estadounidenses que contribuyen millonariamente a su economía.

Durante décadas, ha quedado claro que las guerras son pieza clave para reactivar la economía estadounidense con lo que la venta de armamento ocupa un lugar prioritario para los ingresos de EU.
Durante décadas, ha quedado claro que las guerras son pieza clave para reactivar la economía estadounidense con lo que la venta de armamento ocupa un lugar prioritario para los ingresos de EU. Créditos: EFE/ Canva
Escrito en OPINIÓN el

Mucho es lo que ha dicho el presidente Donald Trump sobre que nuestro país es el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga y que si por él fuera el narcotráfico en México ya habría sido eliminado, lo cierto es que, como todos lo sabemos, si no fuera por las armas que llegan ilegalmente a México, procedentes de Estados Unidos, posiblemente la historia sería muy diferente.

Lo que tampoco dice el mandatario estadounidense es que, a menos de que se registre en su territorio un delito con algún arma de fuego producida en la unión americana, no existe un auténtico control sobre el armamento que se vende a diestra y siniestra como cualquier producto que se adquiere en un supermercado.

Y mucho menos dice que el negocio de la venta de armas de fuego genera miles de millones de dólares de ganancias para su país, que de acuerdo con el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), durante 2024 habría alcanzado ingresos récord cercanos a los 679 mil millones de dólares.

Durante décadas, ha quedado claro que las guerras son pieza clave para reactivar la economía estadounidense con lo que la venta de armamento ocupa un lugar prioritario para los ingresos de EU, situación por la cual se ve casi imposible que sea regulado el negocio armamentístico.

Decirle que sí a México para ordenar la venta de armas sería tanto como ponerle en balazo en el pie a las finanzas de las armerías estadounidenses que contribuyen millonariamente a su economía al generar ingresos fiscales, empleo, producción nacional y fomento al comercio exterior.

Así es que no esperemos, bajo ninguna circunstancia, que se regule auténticamente su venta y por ende disminuya el flujo ilegal de armas a México. Eso sería tanto como pedirle que deje de gobernar como lo ha hecho hasta ahora, algo que definitivamente no sucederá.

División… Irán y el nuevo desorden económico global

La crisis en Irán ya no es una historia sobre petróleo; rápidamente se está convirtiendo en un factor de disrupción global que reconfigura el espectro industrial. El foco inmediato ha estado en el Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del comercio energético mundial. Sin embargo, lo que realmente está ocurriendo es una tensión acumulativa sobre las cadenas de suministro que sostienen sectores clave de la economía mundial, desde la tecnología hasta la producción de alimentos. La vulnerabilidad no radica únicamente en la dependencia energética, sino en la interconexión de procesos productivos que requieren estabilidad logística, insumos especializados y flujos comerciales constantes.

Uno de los sectores donde la fragilidad se hace más evidente es el de los semiconductores. La fabricación de chips depende de una red compleja de materiales químicos, gases industriales y transporte altamente coordinado. Cualquier interrupción en rutas estratégicas o encarecimiento en insumos impacta de forma casi inmediata en los costos de producción. Lo que comienza con un problema logístico puede terminar desacelerando industrias enteras: desde la automotriz hasta la inteligencia artificial. Paralelamente, la industria química –base de múltiples cadenas productivas– empieza a resentir el aumento en los costos de hidrocarburos y derivados, lo que se traslada a plásticos, fertilizantes y materiales industriales. Este efecto “cascada” tiene implicaciones directas en la agricultura global, donde el encarecimiento de fertilizantes amenaza con presionar los precios de los alimentos en los próximos meses.

El transporte y la logística completan este oscuro panorama. Las rutas marítimas enfrentan mayores costos de seguros, desvíos y retrasos, lo que afecta la puntualidad en las entregas y eleva los precios finales de los productos. La consecuencia es una inflación persistente y difícil de contener, impulsada no solo por la energía, sino por la disrupción simultánea de múltiples eslabones de la cadena productiva. Lo que estamos viendo no es un episodio más, sino un cambio de reglas. Una economía global que entra en una fase de mayor fragmentación, donde la eficiencia cede terreno frente a la seguridad y la resiliencia.

En ese contexto, México se inserta en una posición ambivalente. Por un lado, es particularmente sensible a los choques inflacionarios externos. El aumento en los precios de los combustibles impacta de forma directa en el transporte y la logística interna, mientras que el encarecimiento de fertilizantes y materias primas presiona los costos del sector agroalimentario. Esto se traduce inmediatamente en un alza en la canasta básica y en una presión adicional sobre el poder adquisitivo.

Sin embargo, la misma crisis que genera estos riesgos abre también una ventana de oportunidad. La reconfiguración de las cadenas globales está impulsando una relocalización productiva hacia regiones consideradas más estables. En ese proceso, México tiene una ventaja estructural: su integración con América del Norte. La cercanía con el mercado estadounidense, combinada con su base industrial, lo posiciona como un destino natural para inversiones que buscan reducir su exposición a zonas de conflicto.

Multiplicando… El precio de la movilidad en la gran metrópoli

La movilidad en la Ciudad de México se ha convertido en uno de los principales termómetros de la calidad de vida y del pulso económico de sus habitantes. En una metrópoli donde millones de personas recorren largas distancias todos los días, trasladarse ya no solo implica tiempo, sino también dinero, estrés y decisiones financieras cada vez más complejas.

Tener un coche en la ciudad no solo es una decisión de movilidad, sino también es un compromiso financiero de largo plazo, especialmente en un contexto económico donde el poder adquisitivo se ha visto presionado por la inflación y el encarecimiento del costo de vida. Comprar un auto nuevo, por ejemplo, implica no solo el precio del vehículo, sino tasas de financiamiento, enganches elevados y plazos que pueden extenderse por varios años.

En este escenario, surge una pregunta clave ¿cómo acceder a un automóvil sin comprometer las finanzas personales? Aquí es donde las alternativas que ofrecen las plataformas digitales de compraventa de autos, como Wahu, han comenzado a diversificar las opciones. Además de los créditos tradicionales ofrecidos por bancos y agencias, han ganado relevancia los esquemas de financiamiento para autos seminuevos, que permiten reducir el costo inicial y acceder a mensualidades más bajas por un auto de gama más equipada. También han crecido las opciones como el arrendamiento (leasing), los créditos con enganche flexible e incluso las plataformas que facilitan la compra de vehículos con procesos más ágiles y seguros.

El mercado de autos seminuevos, en particular, se ha consolidado como una opción viable para quienes buscan movilidad propia sin asumir el costo total de un vehículo nuevo. Hoy, moverse en la Ciudad de México es mucho más que trasladarse del punto A al punto B: es una decisión económica que define tiempo, calidad de vida, y oportunidades en una economía compleja.