La figura y el nombre de Benito Juárez es la figura clave de la construcción republicana del Estado y de la identidad moderna del poder y el pueblo. Por lo menos desde hace 120 años los valores juaristas se enaltecen y sirven para cobijar las causas políticas de gobernantes o líderes sociales, como lo hizo Porfirio Díaz, su paisano, amigo y enemigo al colocarlo en el pedestal pétreo del panteón simbólico de los héroes nacionales al conmemorar su centenario de nacimiento aquel 1906.
Este año se conmemoran 220 años del natalicio del llamado “Benemérito de las Américas”, como lo nombró el Congreso de República Dominicana, aquel 1867 cuando defendió la Reforma liberal y el no intervencionismo extranjero al ordenar el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, sentando las bases para México de los valores republicanos y el derecho Internacional en un siglo XIX de batallas y riesgos soberanos. Con este acto, el juarismo se convierte en la ideología simbólica internacional de la justicia Internacional.
La historia nacional se encargó de construir, alimentar, enaltecer, tallar en piedra y mármol, fundir en bronce y oro el nombre, la figura y hasta la tumba del niño indígena zapoteca que llegó a la máxima escala que puede tener una persona: la inmortalidad entre laureles, ser héroe y digno de Méritos (Benemérito).
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Esta construcción simbólica de Juárez a lo largo de los últimos 120 años es la consagración no sólo de la figura sino de la ideología al pasar de ser el personaje a modo de explicar los valores legalidad republicana, justicia social, soberanía, laicidad, reivindicación indígena, cohesión social e identidad cultural que descansa en el llamado juarismo.
Mientras se desmontaba el Segundo Imperio de México, Juárez avanzaba con su proyecto de nación liberal y laico, pero al fusilamiento del Maximiliano, los generales Mejía y Miramón, sus detractores lo acusaron de concentrar el poder y perpetuarse en él – hay que subrayar que gobernó un periodo de 14 años y buscó la reelección– de no ser militar en una época donde se gobernaba con las armas, destacando como un civil promotor de la defensa de los derechos humanos y el Estado Laico, del proyecto de una República, de la instrucción educativa y el constitucionalismo con la recién aprobada Constitución del 57.
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Todo ello, le vale un lugar de resistencia al tiempo y las modas, a las ideologías y los partidos políticos, Juárez es el símbolo nacional, memorioso y colectivo lo mismo para conservadores que liberales, populares o intelectuales. Nombres de calles, retratos, murales, estatuas, ciudades, escuelas, asociaciones campesinas y sindicales tienen su nombre y su ideología es bandera y causas. A 220 años de su nacimiento, el juarismo es un movimiento vigente que aglutina la esperanza ideológica en nuestro país.
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