HÉCTOR ZAGAL

Mi despedida

Me voy a trabajar al Senado de la República. Sí, al Senado. No soy ingenuo. Sé qué es un lugar complicado. Palacio de intrigas y traiciones. Pero quiero dar un giro a mi vida.

Me voy a trabajar al Senado de la República. Sí, al Senado. Sé qué es un lugar complicado, pero quiero dar un giro a mi vida. Escribe Héctor Zagal.
Me voy a trabajar al Senado de la República. Sí, al Senado. Sé qué es un lugar complicado, pero quiero dar un giro a mi vida. Escribe Héctor Zagal.Créditos: Cuartoscuro
Escrito en OPINIÓN el

He tomado una decisión difícil, de esas que se anuncian con voz grave y mirada al horizonte, como si uno estuviera despidiéndose del mundo desde el muelle de un puerto. Después de cuarenta años de docencia, quince de radio y veinte de escribir novelas, he comprendido algo: tempus fugit, el tiempo se me acaba. Me quedan pocos años. Muy pocos. Y si uno va a dar un giro a la vida profesional, hay que hacerlo cuando todavía puede pensar con lucidez.  A quienes me han seguido durante estos años, les doy las gracias.

Me voy a trabajar al Senado de la República.

Sí, al Senado. No soy ingenuo. Sé qué es un lugar complicado. Palacio de intrigas y traiciones. Pero quiero dar un giro a mi vida. Me incorporo como asesor de un senador del Partido Verde. No daré nombres, pero pronto serán públicos. Además, lo importante no es el personaje: es la misión. La causa. La cruzada.

He decidido entregar mis últimas reservas de energía intelectual a una iniciativa que México necesita con urgencia. Una reforma valiente, moral, saludable y progresista: Prohibir la venta de bebidas alcohólicas en México.

Lo repito: prohibir el alcohol. Punto. Se acabó. Adiós. Ni una gota. Ni una cerveza tibia de estadio. Ni un tequila “para el susto”. Ni el vino “cardiosaludable” que siempre aparece cuando alguien quiere justificar el tercer brindis. Nada. Yo mismo, gran aficionado al vino, he decidido dejar de beber.

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El alcohol daña la salud. Y cuando algo daña la salud, hay que prohibirlo inmediato... como los vapeadores, la comida chatarra y los refrescos.

La iniciativa de ley, que ya se va cocinando, propone expropiar los viñedos vinícolas y convertirlos en parques nacionales. Sus bodegas se convertirán en escuelas para campesinos. Los bares y cantinas serán en centros culturales. También se arrancarán todos los agaves de México y se sustituirán por nopales. La misma suerte tendrán los magueyes para el pulque. La cebada para la cerveza se utilizará fabricar pan y los millones de litros de agua utilizados para fabricar esa bebida diabólica se utilizará para regar las milpas. 

Algunos me dirán: "doctor, usted que ha vivido entre libros y micrófonos, ¿de verdad se ve en el Senado, promoviendo prohibiciones?"

Sí, porque he madurado. Porque uno aprende. Y porque, sinceramente, me identifico con el Partido Verde: sus ideales, su disciplina moral, su consistencia histórica. Ya me afilié. Me entregaron mi credencial y, con ella, una misión nueva. 

Comenzaré a trabajar el primero de enero. Año nuevo, vida nueva. Arranco mi etapa senatorial con miedo, pero con ilusión. Gracias, muchas gracias por haberme leído y escuchado durante estos años.

Ahora bien, antes de que alguien me mande un mensaje indignado, antes de que los vinicultores protesten, antes de que los productores de tequila me declaren persona non grata y antes de que un mariachi me persiga con un amparo...

Aprovecho para recordarles un detalle que, por alguna razón, siempre se nos olvida

Hoy, 28 de diciembre, es Día de los Santos Inocentes.

Y el inocente no es el que hace la broma. El inocente es quien cree que prohibir es gobernar.

(Héctor Zagal, autor de este artículo, es conductor del programa de radio El Banquete del Dr. Zagal en MVS 102.5 todos los miércoles a las 21:00 y los sábados a las 17:00. Además es profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana)