A pesar de las versiones oficiales que califican al 2025 como el año "menos contaminado" de la última década, un análisis profundo del Comité Ecológico Integral revela una realidad alarmante.
Durante el año pasado, los habitantes del área metropolitana de Monterrey respiraron aire fuera de la norma por partículas PM10 durante 188 días, lo que representa más de la mitad del calendario.
El estudio titulado “Aire 2025: la Doble Realidad de Monterrey”, basado en datos del Sistema Integral de Monitoreo Ambiental (SIMA), advierte que el uso de promedios matemáticos está diluyendo la gravedad de la crisis. Según la organización, promediar las 15 estaciones de monitoreo oculta 80 días de crisis ambiental que sí son perceptibles cuando se analiza cada zona de manera individual.
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Partículas y gases: Una mejora insuficiente
Si bien la concentración promedio anual de PM10 disminuyó un 22 por ciento respecto al 2024, y las PM2.5 bajaron un 12 por ciento, ambos contaminantes se mantienen casi dos veces por encima del límite establecido por la Norma de Salud.
Las estaciones con mayores excedentes se concentran en:
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- Universidad (UANL)
- Santa Catarina (Misión San Juan)
- Apodaca, García y Escobedo
- Juárez y Cadereyta
El repunte de los gases tóxicos
Lo más preocupante del reporte es el incremento en contaminantes gaseosos, que contrastan con la reducción de polvos y partículas. Los especialistas indicaron que el ozono creció un 3 por ciento, mientras que gases altamente irritantes y precursores de partículas dañinas registraron picos drásticos:
- Dióxido de Azufre: Incremento del 25%.
- Dióxido de Nitrógeno: Incremento del 27%.
El Comité señaló a la Refinería de Cadereyta como la fuente principal de estas emisiones, siendo responsable de casi el 46 por ciento del dióxido de azufre en la entidad. Este gas incoloro es un potente irritante respiratorio y un precursor clave del material particulado que afecta los pulmones de la población.
Con estos datos, la asociación ciudadana hace un llamado a las autoridades para no caer en el "espejismo del promedio" y enfocar las políticas públicas en los picos de exposición, que es donde realmente se mide el riesgo para la salud de los neoleoneses.
