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La política migratoria de Estados Unidos atraviesa una fase crítica marcada por el uso de la fuerza militar, el discurso de odio y una creciente conflictividad social. El asesinato de la señora Renee Nicole Wood, presuntamente a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), se ha convertido en un símbolo de lo que especialistas califican como una escalada peligrosa impulsada desde el gobierno de Donald Trump, cuyos efectos ya no se limitan a la población migrante.
En entrevista con MVS Noticias, el profesor investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, Tonatiuh Guillén, contextualizó el hecho dentro de una política sistemática de agresión que, afirmó, ha normalizado la violencia institucional.
Discurso de odio y fuerza armada: el contexto detrás del asesinato
Para Guillén, el crimen no puede entenderse como un hecho aislado, sino como el resultado directo de un entorno político radicalizado.
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“Primero el discurso de odio, el racismo, la xenofobia que radicaliza posiciones, el ubicar a las personas migrantes como criminales, como invasores, como personas sin derechos, y luego montar un aparato de fuerza militar y paramilitar”.
El académico subrayó que este clima ha permitido que la violencia se materialice en operativos cada vez más agresivos, donde el uso de armas se vuelve cotidiano. En ese sentido, advirtió que ICE ya acumula antecedentes similares, incluyendo otros episodios recientes de personas baleadas durante operativos migratorios.
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“Ese contexto es el que está inmediatamente ahí cercano, en donde el odio racista se materializa y se condensa en el ICE y sobre todo en personajes tan extremos, tan brutales como el que le disparó a la señora Wood”.
Militarización de la política migratoria en Estados Unidos
Guillén señaló que el proceso de militarización se ha acelerado de manera alarmante, al punto de simular escenarios de conflicto armado dentro del propio territorio estadounidense.
“El proceso de militarización de la política migratoria de Estados Unidos ha sido muy acelerado, el uso de fuerza y de armas, y del otro lado, pues también ese discurso extremo ya no tiene límites”. Advirtió además que el intento de otorgar impunidad a los agentes de ICE profundiza el riesgo de nuevos abusos.
“Es un mecanismo que facilita la barbarie y la impunidad. Eso está claro, están empujando a ese punto”.
De la persecución a migrantes a la represión de la protesta social
Uno de los elementos más delicados, explicó, es que la violencia ya no se dirige únicamente contra personas migrantes, sino también contra ciudadanos estadounidenses que protestan o defienden derechos humanos.
“Ya no solo contra migrantes, sino contra los protectores de migrantes, o contra la protesta de las personas que ante esta agresividad generan indignación”.
Este escenario ha provocado una respuesta social creciente, con protestas masivas y posicionamientos públicos de alcaldes y gobiernos estatales en contra de las políticas federales.
“Estamos avanzando en una coyuntura de tensión social y política particularmente aguda en Estados Unidos”.
Violaciones al debido proceso y a la ley estadounidense
Guillén enfatizó que no es necesario recurrir al derecho internacional para evidenciar los abusos, ya que la propia legislación de Estados Unidos está siendo violada.
“Si no hay un protocolo para la detención caso por caso individual, hay una violación de debido proceso”. Detalló que se han eliminado garantías básicas como la revisión judicial y el acceso a defensa legal.
“Todo esto está siendo brincado… está siendo violentado de manera cotidiana y masiva, especialmente en materia migratoria”.
