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En entrevista para MVS Noticias, con Sheila Amador, María Icela Valdez, líder del Colectivo "10 de marzo" explicó la falta de atención del gobierno federal al trabajo de las madres buscadoras.
Su regreso a este lugar no solo simboliza una lucha personal, sino también la de muchas madres que aún buscan a sus hijos desaparecidos. "El tiempo va en nuestra contra", expresó Valdez.
Su voz refleja la desesperación que sienten todas aquellas personas que buscan justicia, mientras el tiempo desvanece las evidencias.
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La salud de los involucrados también se ve afectada, y las promesas gubernamentales parecen desvanecerse con el paso del tiempo. Además de buscar a su hijo Roberto, desaparecido en 2014, Valdez ha observado un aumento en la intensidad de la violencia y la falta de apoyo.
"Los peritos a veces entran a las fosas y se llevan en pedacitos los cuerpos", compartió la líder, subrayando la desoladora realidad de quienes enfrentan la búsqueda de sus seres queridos.
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Madres buscadoras afrontan crisis de seguridad
Durante su intervención, Valdez criticó la falta de recursos para los cuerpos de seguridad que deberían proteger tanto a la ciudadanía como a las madres buscadoras.
"En Reynosa hay 18 elementos de la Guardia Nacional para todos los servicios, pero diariamente solo nos prestan ocho", lamentó.
Lo que más preocupa a Valdez son las amenazas que enfrentan quienes se dedican a esta difícil labor. "El año pasado mataron a un integrante del colectivo por denunciar fosas", recordó, reconociendo que esta violencia solo aumenta la sensación de miedo y vulnerabilidad entre quienes buscan a sus seres queridos.
Promesas incumplidas; la lucha sigue en pie
Valdez, también recordó cuando suplicó al presidente López Obrador para que ayudara en la búsqueda de su hijo, y cómo esas promesas han quedado en el aire. "Los políticos se olvidan de por qué votamos y por qué los tenemos ahí", apuntó.
Refiriéndose a la decepción de las madres que han visto a diferentes gobiernos llegar y salir sin brindar soluciones efectivas.
"Necesitamos que los mandos vean a su gente", agregó. Esta afirmación resalta la inconformidad con las altas esferas del poder que, a su juicio, desatienden las necesidades básicas de sus subordinados en el campo.
La lucha de María Icela y su colectivo es un recordatorio de que la impunidad y la indiferencia afectan a miles en México.
A medida que las esperanzas de encontrar a sus seres queridos se desvanecen, sus voces continúan resonando en busca de justicia y verdad. Como ella misma dijo: "No nos podemos detener, tenemos que buscar a nuestros hijos".
La búsqueda de justicia es una lucha que sigue en pie, y la historia de María Icela Valdez es solo una de muchas que exige cortinas de silencio que aún cubren al país.
