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La madrugada del 3 de enero marcó un punto de quiebre para millones de venezolanos dentro y fuera del país. Mientras Caracas era sacudida por explosiones y cortes de electricidad, la incertidumbre se apoderó de quienes, desde el exilio, intentaban comunicarse con sus familias. En México, Nelson y Sofía, ciudadanos venezolanos que han hecho del país su segundo hogar, revivieron el miedo, el dolor y también una esperanza largamente postergada. En entrevista con MVS Noticias, ambos narraron cómo vivieron esas horas críticas, las razones que los obligaron a migrar y los desafíos que enfrenta Venezuela en un escenario de transición política.
“Cuando llamé a mi hermano, estaba viendo misiles en el cielo”
Nelson recuerda con claridad el momento en que comenzó a entender la magnitud de lo que estaba ocurriendo en Venezuela. Desde México, empezó a recibir mensajes y llamadas en la madrugada, hasta que logró comunicarse con su hermano.
“De repente cuando llamo a mi hermano, mi hermano está viendo misiles en el cielo. Y parecía un juego de Call of Duty, como cosas que uno se podía imaginar que podían pasar, pero verlo es otra cosa”.
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Para él, esas primeras horas no estuvieron marcadas por el análisis político, sino por la angustia de no saber si su familia estaba a salvo.
“Cuando uno está envuelto en un problema y la historia se está escribiendo en presente, tú no estás pensando qué va a pasar el día siguiente. Tú lo que estás pensando es: ¿los míos dónde están?, ¿están bien?, ¿están resguardados?”.
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Sofía vivió una experiencia similar. Al recibir los primeros mensajes sobre explosiones en Caracas, su reacción inmediata fue llamar a su madre.
“Cuando yo llamo, yo escucho las llamadas telefónicas de las explosiones. Y eso me hace pensar que está pasando algo muy importante”.
Las horas siguientes estuvieron marcadas por la incertidumbre total.
“Fueron unas horas muy angustiantes. No recuerdo algo parecido nunca en mi vida. Las primeras horas fueron de total incertidumbre”.
Exilio, precariedad y pérdida de libertades
Ambos coinciden en que su salida de Venezuela no fue una elección, sino una necesidad. Sofía explica que llegó a México en 2021, en plena pandemia, tras un deterioro profundo en su salud física y emocional.
“Ya no aguantaba la situación. La verdad, ya me habían dado dos veces episodios de depresión. Tengo estrés postraumático”.
Para ella, México se convirtió en una oportunidad para reconstruir su vida y ayudar a su familia que permanece en Venezuela.
“El salario mínimo es de tres dólares. Aunque mi mamá sea profesional y tenga un magíster, no llega ni siquiera a ganar ni la mitad de lo que yo puedo ganar aquí”.
Nelson describe un país marcado por la precariedad cotidiana y la ausencia de libertades básicas.
“Es normal estar días sin agua, días sin electricidad, días sin gas, sin gasolina. Entonces el tema de la precariedad en los servicios públicos es simplemente invivible”.
A esto se suma, dice, la criminalización de cualquier disidencia.
“La libertad a pensar distinto, a sacar un letrero que diga ‘Maduro, no te queremos’, eso te convierte en un criminal”.
La imagen de Maduro esposado: entre la esperanza y el temor
La difusión de la imagen de Nicolás Maduro esposado provocó una reacción emocional intensa en ambos. Para Sofía, representó un atisbo de justicia tras años de abuso.
“Es muy loco ver al victimario que tú tantas veces viste en televisión mandando a matarte por protestar, siendo encarcelado. Creo que es algo que no te crees, porque hay un pequeño toque de justicia”.
Nelson reconoce que fue un momento profundamente simbólico, aunque advierte que no garantiza un cambio inmediato.
“Cuando sale la foto de Maduro esposado, mi primer pensamiento es muy para Venezuela y ya luego con el tiempo me di cuenta de que no es así”.
Para él, los hechos confirmaron algo que los venezolanos llevan años denunciando. “Esto nos confirma que Venezuela es un estado fallido, es una estructura criminal”.
El miedo que persiste y el reto de la transición
Uno de los temores más constantes para los venezolanos en el exterior es la seguridad de sus familias. Nelson, quien también es periodista, explica que incluso comunicarse se ha vuelto un riesgo.
“Un mensaje puede ser malinterpretado. En un retén te revisan el teléfono y ya eres un criminal”.
Sofía subraya que, antes de pensar en un posible regreso, es indispensable que la transición garantice seguridad y derechos.
“Ahorita lo que yo estoy pensando es que necesitamos que esta transición salga bien. Que haya garantías para que nuestras familias estén seguras”.
Para ella, hay un paso ineludible.
“Lo primero que tiene que pasar es libertad plena para todos los presos políticos y que cese la persecución política”.
