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En entrevista con Pamela Cerdeira, para MVS Noticias, Esther de Aquino, integrante del colectivo Memoria, Verdad y Justicia, habló sobre los familiares de desaparecidos que intentan descartar que sus hijos hayan muerto en el campo de exterminio en Teuchitlán.
En México, la historia de Esther de Aquino es una de tantas que reflejan la impunidad y el abandono que enfrentan quienes buscan justicia.
Su testimonio pone en evidencia la falta de respuestas y el desgaste emocional que padecen quienes han perdido a un ser querido en circunstancias violentas.
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Comentó que desde antes de la desaparición de su hijo, ya había advertido que lo estaban vigilando. “Mamá, me andan siguiendo”, le dijo en varias ocasiones, pero en aquel momento no imaginaron la gravedad de la situación.
Tres días antes de su desaparición, insistió nuevamente con preocupación. Luego, fue visto por última vez cuando hombres armados lo interceptaron mientras jugaba con sus amigos. Desde entonces, la incertidumbre ha marcado la vida de Esther.
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¿Cómo ha sido la búsqueda de su hijo?
La búsqueda ha sido un proceso lleno de obstáculos. Durante un año, recorrió cerros y pueblos, revisó bolsas de basura y siguió pistas sin éxito. “No sabía que existía un colectivo, ni que había tantas personas desaparecidas”, relata. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, las respuestas oficiales han sido nulas. “La fiscalía jamás hizo nada. Nunca vinieron a la casa, nunca investigaron”, lamenta.
A los pocos días de la desaparición, en redes sociales circuló la falsa noticia de que su hijo había sido encontrado. Desesperada, Esther acudió a la fiscalía para exigir información, pero se topó con más negligencia. “Me dijeron que no había aparecido y que no podían seguir molestándose con mi caso”, cuenta con indignación.
Aseguró que las respuestas de las autoridades fueron frías y evasivas. En lugar de apoyo, recibió desprecio y desinterés. “Me dijeron que mi hijo estaba ‘en lo que no debía’ y que yo debería hacer mi propia investigación”, recuerda con rabia.
También comentó que en una ocasión, hombres armados con placas similares a las del vehículo que se llevó a su hijo fueron vistos en otro estado, pero cuando reportó el hallazgo, la respuesta fue desalentadora: “Vaya investigue y nos trae la información”.
A pesar del desgaste emocional y la falta de apoyo institucional, Esther no se rinde. Su historia es un reflejo de la lucha de miles de familias mexicanas que buscan a sus desaparecidos sin descanso. “No sé si mi hijo está en Jalisco, pero tampoco lo descarto. Uno como madre sabe dónde desapareció, pero no dónde lo va a encontrar”, expresa con la esperanza de que un día, la verdad salga a la luz.