ADICCIONES

Por qué buscamos más placer y sentimos menos: la ciencia detrás de la adicción

Los comportamientos adictivos provocan una liberación masiva de dopamina.

El tabaco forma parte de un entorno que favorece conductas repetitivas difíciles de controlar.
El tabaco forma parte de un entorno que favorece conductas repetitivas difíciles de controlar.Créditos: Canva.
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En la actualidad, las adicciones no se limitan únicamente al uso de drogas ilegales. El alcohol, el tabaco e incluso ciertos hábitos relacionados con la tecnología forman parte de un entorno que favorece conductas repetitivas difíciles de controlar.

De acuerdo con especialistas, uno de los principales responsables de este fenómeno es la dopamina, un neurotransmisor fundamental en los mecanismos del placer y la motivación.

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La dopamina actúa como un sistema de recompensa que impulsa al cerebro a repetir aquellas acciones que generan sensaciones agradables.

No obstante, cuando este proceso se estimula de manera constante e intensa, puede producirse una alteración que abre la puerta a la adicción.

Un entorno que impulsa el consumo constante

La psiquiatra Anna Lembke, experta en medicina de las adicciones en la Universidad de Stanford, señala que la sociedad actual vive rodeada de estímulos placenteros.

Este contexto, explica, representa un reto para el cerebro humano, que evolucionó para sobrevivir en ambientes donde los recursos eran limitados.

Según la especialista, las sustancias y comportamientos adictivos provocan una liberación masiva de dopamina en el sistema de recompensa, superando ampliamente la respuesta que generan los estímulos naturales.

Esta descarga intensa queda profundamente registrada en el cerebro, reforzando la necesidad de repetir la experiencia.

Además, Lembke advierte que con el paso de los años muchas sustancias se han vuelto más potentes, mientras que el acceso a ellas es cada vez más sencillo, lo que incrementa la vulnerabilidad a desarrollar dependencia.

Cuando la búsqueda de bienestar se vuelve un problema

Uno de los efectos más preocupantes del consumo compulsivo es la pérdida gradual de la capacidad para disfrutar.

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Este fenómeno ocurre cuando el cerebro reduce su producción de dopamina para compensar la sobreestimulación, generando un estado de bajo nivel crónico.

Como resultado, las personas necesitan dosis más frecuentes o mayores para experimentar placer, e incluso para sentirse “normales”, entrando en un ciclo difícil de romper.

La abstinencia como proceso de restauración cerebral

De acuerdo con la especialista, la abstinencia es una herramienta clave para que el cerebro recupere su equilibrio.

En promedio, se requieren alrededor de cuatro semanas sin el estímulo adictivo para que los sistemas de recompensa comiencen a normalizarse.

Durante las primeras etapas suelen aparecer síntomas como ansiedad, cambios de humor, insomnio y deseos intensos de consumo.

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No obstante, con el tiempo, el cerebro puede volver a responder positivamente a recompensas más simples.

La experta enfatiza que, aunque el proceso es desafiante, la rehabilitación es posible y, en muchos casos, requiere apoyo médico y psicológico especializado.