Un equipo de investigadores de la Universidad de Dartmouth publicó en la revista Nature un estudio sobre el cambio climático y lluvias, revelando que la intensificación de las tormentas está acelerando paradójicamente las sequías en todo el planeta. El hallazgo confirma que, aunque el acumulado anual de agua se mantenga, la forma en que cae está alterando la capacidad de absorción de los ecosistemas.
¿Por qué las tormentas intensas provocan sequías extremas?
De acuerdo con la agencia de noticias EFE, la relevancia de esta investigación reside en el concepto de "concentración de precipitaciones". Según los autores, Justin Mankin y Corey Lesk, el agua que cae de forma torrencial en poco tiempo no logra infiltrarse en el subsuelo; por el contrario, se queda en la superficie y se evapora con mayor facilidad debido a los periodos soleados y calurosos que siguen a las tormentas. Es el equivalente a intentar beber agua de una manguera de incendios: el exceso simplemente se desperdicia.
Foto: EFE
Utilizando el coeficiente de Gini para medir la desigualdad en la distribución del clima, el estudio analizó registros desde 1980 hasta 2022. Los datos muestran que las lluvias se concentran cada vez más en episodios violentos, lo que deja periodos de sequía mucho más prolongados. Este fenómeno es independiente de la región, pues se observó una tendencia global impulsada por el calentamiento global que afecta la humedad del suelo de forma crítica.
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El impacto global del calentamiento en los recursos hídricos
Las proyecciones indican que este desajuste podría poner en riesgo al 27 por ciento de la población mundial si la temperatura global aumenta 2 grados Celsius. En este escenario, el incremento del calor provocaría condiciones de sequía anómala en el suelo, neutralizando cualquier beneficio que pudiera traer un posible aumento en el total de precipitaciones anuales. Es un mecanismo directo por el cual la crisis ambiental golpea los suministros hídricos.
A nivel regional, el impacto ya es visible. La cuenca del río Amazonas ha experimentado un aumento del 30 por ciento en la concentración de tormentas intensas, mientras que en el oeste de Estados Unidos el incremento es del 20 por ciento. Curiosamente, en zonas como el Ártico y el norte de Europa, las lluvias se han distribuido de forma más uniforme, aunque esto se debe a un aumento generalizado de nieve y lluvia por el deshielo, lo que tampoco representa necesariamente un alivio.
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¿Qué regiones del mundo están en mayor riesgo?
El estudio advierte que la gestión de los suministros públicos de agua se volverá sumamente compleja, especialmente en zonas áridas donde el almacenamiento es vital. El apoyo gubernamental para obras de infraestructura deberá adaptarse a riesgos simultáneos: inundaciones repentinas por la falta de absorción y sequías prolongadas por la evaporación acelerada de los recursos superficiales.
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Este ciclo hídrico alterado demanda una nueva forma de pensar en la seguridad hídrica, priorizando no solo cuánto llueve, sino cómo y cuándo cae el agua. Los autores concluyen que muchas regiones del mundo deben prepararse para un entorno donde el suelo ya no es capaz de retener la vida de la misma forma, un desafío central impuesto por el cambio climático y lluvias.
