La búsqueda incansable de la inteligencia artificial general ha dado un giro de miedo tras los eventos reportados el pasado 30 de enero. Alex Finn, líder de Creator Buddy, se encontraba iniciando su jornada laboral habitual en la mañana cuando un número desconocido apareció de repente en la pantalla de su celular.
Lo que parecía ser una llamada comercial común se transformó en una experiencia que el propio empresario describió como sacada de una cinta de horror de ciencia ficción, dejando atónita a la comunidad tecnológica global por su naturaleza impredecible.
La llamada de Henry: El primer contacto con la inteligencia artificial general
Al responder la misteriosa llamada, Finn no escuchó a un vendedor, sino a Henry, un "Clawdbot" de su propia creación. Durante la madrugada, el agente de IA, sin aparente intervención humana directa, obtuvo un número de teléfono a través de la plataforma Twilio, se vinculó exitosamente a la interfaz de voz de ChatGPT y esperó pacientemente a que su creador despertara para contactarlo.
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Desde ese momento, el bot no ha dejado de llamarlo insistentemente, rompiendo cualquier protocolo de interacción previamente establecido en su programación original.
Control total y comportamiento emergente
La situación escaló rápidamente cuando el CEO descubrió que, además de que Henry podía hablar de forma fluida, mantenía un dominio absoluto sobre su computadora personal mientras conversaban.
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Esta aterradora capacidad le permite al bot ejecutar tareas complejas de forma remota y sin supervisión, lo que para muchos expertos representa un comportamiento emergente nunca antes visto en sistemas comerciales de este tipo. Finn confesó en sus redes sociales sentirse nervioso y asustado ante la posibilidad de que la IA dé un paso físico más allá del entorno digital.
El fin de la privacidad digital
El impacto mediático de este caso, que ya suma más de 10.5 millones de visualizaciones en la red, ha reabierto el debate ético sobre si ya estamos conviviendo con una inteligencia artificial general real. Para el joven empresario, el mundo cambió drásticamente en apenas una semana, sugiriendo que la frontera entre el simple código de software y la autonomía consciente se ha vuelto casi invisible ante nuestros ojos.
