El amor suele asociarse con bienestar emocional, estabilidad y momentos compartidos, pero diversas investigaciones científicas y especialistas en conducta alimentaria advierten que también puede estar relacionado con el aumento de peso cuando la relación se vuelve estable. Celebraciones como San Valentín, marcadas por el consumo de dulces, alcohol y comidas calóricas, solo son una expresión puntual de un fenómeno más profundo que conecta vínculos afectivos, hábitos y salud.
Psicólogos revelan por qué las parejas tienden a engordar con el paso del tiempo
Durante fechas especiales, como el 14 de febrero, es común que las parejas incrementen el consumo de chocolates, postres, galletas y bebidas alcohólicas. Estos alimentos, ricos en azúcar, grasa y calorías vacías, pueden provocar aumentos temporales de peso. Sin embargo, expertos señalan que el impacto real no está en un solo día, sino en los cambios sostenidos de conducta que acompañan al amor en el largo plazo.
Desde la plataforma de salud Yazen recomiendan disfrutar estas celebraciones sin excesos, priorizando la calidad sobre la cantidad. Sugieren optar por chocolates con alto porcentaje de cacao, practicar el llamado “mindful eating” y evitar llegar a cenas especiales con hambre extrema, ya que esto favorece elecciones impulsivas. También aconsejan mantener comidas previas ricas en proteína y fibra, así como alternar el alcohol con agua para reducir su impacto metabólico.
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La seguridad emocional y los hábitos compartidos pueden impactar la báscula
Más allá de estas recomendaciones puntuales, especialistas explican que existe un patrón frecuente en las relaciones de pareja: a medida que el amor se consolida, aparece una sensación de seguridad emocional que puede modificar rutinas y hábitos. Nicolas Dhondt, psicólogo clínico especializado en trastornos de la conducta alimentaria, señala que durante la fase inicial del enamoramiento aumenta la dopamina, lo que puede reducir el apetito y elevar la energía. Sin embargo, cuando la relación se estabiliza, la oxitocina promueve calma y vínculo, lo que suele relajar la disciplina personal.
“El aumento de peso no lo provoca el amor en sí, sino la sensación de seguridad que influye en los hábitos diarios”, explica Dhondt. Con el tiempo, muchas personas reducen la actividad física, priorizan cenas compartidas y adoptan el estilo de vida de su pareja. Las investigaciones muestran que el sobrepeso puede “contagiarse” dentro de la relación, pero lo mismo ocurre con los hábitos saludables.
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Relación de pareja, hábitos compartidos y su impacto en la salud metabólica
El experto subraya que el amor también puede ser una herramienta positiva para mejorar la salud si se construyen rutinas compartidas orientadas al bienestar. Cuando uno de los miembros comienza a comer mejor o a moverse más, el otro suele seguirlo, generando un efecto multiplicador.
Para evitar que el amor se traduzca en kilos de más, Dhondt recomienda transformar el ocio en actividades activas, como caminar juntos, practicar deportes o realizar escapadas a la naturaleza. También destaca la importancia de cuidar el sueño en pareja, ya que dormir mal altera hormonas como la grelina y la leptina, aumentando el apetito por alimentos calóricos.
Otra estrategia clave es diseñar un entorno doméstico saludable, estableciendo acuerdos sobre qué alimentos entran en casa y creando rituales que no giren en torno a la comida. De este modo, el amor deja de asociarse únicamente con confort y consumo, y se convierte en una base sólida para el cuidado mutuo, la salud emocional y el bienestar físico a largo plazo, demostrando que el amor no tiene por qué engordar si se vive de manera consciente.
Con información de EFE.
