En algún escritorio de Washington existe una lista de políticos mexicanos presuntamente relacionados con el narcotráfico. Estados Unidos ha dado muestras de ello en varias ocasiones: ha cancelado visas y solicitado extradiciones. Lo que no sabemos es cuándo soltará más nombres, cuántos piensa revelar y cuántos prefiere conservar bajo la mesa. Hay cartas que valen más escondidas.
La lista puede servir para hacer justicia o para hacer política. Washington podría formalizar acusaciones penales contra algunos de los políticos cuyos nombres han circulado en versiones periodísticas, entre ellos Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza. Podría, además, añadir nombres a la lista. Administrarla.
A primera vista, Washington cuenta con un arma política formidable. Según esta lectura, Estados Unidos podría lastimar gravemente la reputación de Morena, algo muy importante de cara a las elecciones intermedias en México.
Sin embargo, el discurso antiinjerencista que se enarbola desde Palacio Nacional mitiga la crisis. Las encuestas no documentan una caída estrepitosa de la aprobación presidencial. Todo sugiere que Rocha Moya sigue y seguirá en territorio nacional. Entregar a uno solo de los señalados podría costarle a Sheinbaum el apoyo de una parte importante de su partido, especialmente del líder moral del movimiento.
Respecto de la opinión pública, cabe recordar que la política se parece más al fútbol de lo que nos gusta aceptar. La gente rara vez cambia de equipo. Es más fácil digerir que “Washington quiere debilitar al gobierno” que admitir que “Morena está corrompida”, especialmente cuando hay programas sociales de por medio. En un país donde el salario mínimo es de 315 pesos diarios, recibir un apoyo gubernamental en efectivo resulta decisivo.
Es previsible que, si presidencia debe elegir entre no enemistarse con Washington y conservar la cohesión de la cúpula morenista, probablemente elija lo segundo. En el corto y mediano plazo, la narrativa de la soberanía y los programas sociales le permitirán resistir los envites del jugador extranjero, pero lo no puede permitirse es desintegración del morenismo. Esta desintegración sí la impactaría de inmediato.
Washington también cuenta con otra arma: la económica. Puede imponer aranceles, sembrar incertidumbre, frenar las inversiones. A corto plazo, esta arma es poco efectiva en términos electorales. Mientras el gobierno mexicano pueda seguir pagando los programas sociales y la inflación no se salga de control, los criterios políticos prevalecerán sobre los económicos. Al fin y al cabo, el gran objetivo del presente sexenio es asegurar el triunfo de Morena en las próximas elecciones presidenciales.
Esto no significa que la presión estadounidense resulte inocua. Quizá no consiga modificar de inmediato la intención de voto, pero sí puede alterar los cálculos de los dirigentes de Morena. Washington no convencerá a los electores; pero sí puede aumentar el costo de las decisiones de la élite gobernante.
Por lo pronto, la desconfianza bilateral permanecerá. El próximo presidente de Estados Unidos, incluso uno más moderado, difícilmente mirará a México como antes. Puede abandonar las amenazas militares y hablar con mejores modales, pero heredará expedientes y la impresión de que su principal socio comercial está dispuesto a proteger a figuras señaladas por narcotráfico.
Todo indica que Washington guarda más información de la que ha hecho pública. Quizá algunos nombres tarden en aparecer. Sheinbaum puede conservar el apoyo político, Morena puede mantener su base electoral y Washington puede presumir firmeza. Las cartas seguirán sobre la mesa: algunas se jugarán y otras permanecerán ocultas. Mientras tanto, lo que puede salir lastimado será la economía mexicana y la confianza entre dos países condenados, para bien y para mal, a seguir entendiéndose.
Héctor Zagal (X: @hzagal) y Luis Manuel Gómez, coautores de este artículo, conducen el programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal” en MVS 102.5, todos los sábados a las 17:00 y los miércoles a las 21:00. Ambos son profesores de la Facultad de Filosofía en la Universidad Panamericana.
