REGLA DE TRES

Dividiendo… Tan lejos y tan cerca de EUA

La relación bilateral entre México y Estados Unidos se encuentra en su momento más álgido en muchas décadas.

La postura de la mandataria mexicana ha sido firme en el sentido de que nuestro país jamás se subordinará.
La postura de la mandataria mexicana ha sido firme en el sentido de que nuestro país jamás se subordinará.Créditos: Canva.
Escrito en OPINIÓN el

La relación bilateral entre México y Estados Unidos se encuentra en su momento más álgido en muchas décadas. Episodios como la presencia de dos agentes de ese país durante un operativo en Chihuahua y la solicitud de detención con fines de extradición del gobernador Rubén Rocha y otros nueve funcionarios de Sinaloa han complicado sensiblemente el panorama.

De por sí, las decisiones ejecutivas del presidente Donald Trump como la política migratoria, los intempestivos aranceles y las arrebatadas declaraciones ya han generado tensiones entre los dos países, ahora se han sumado dos temas que no han abonado en nada para fortalecer la relación, sino que la han empeorado, como nunca antes.

Para la presidenta Claudia Sheinbaum, ambos incidentes están directamente relacionados con una afectación a la soberanía nacional, ya que en los dos casos ha sido evidente una intención injerencista del vecino país del norte.

En el primero de los casos, ninguna autoridad federal, véase la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana o la Fiscalía General de la República, tenían conocimiento de la participación de dos agentes estadounidenses en el operativo que derivó en la localización de un narcolaboratorio en Chihuahua, asunto que además, bajo ninguna circunstancia es competencia de la fiscalía estatal.

Días después, la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York dio a conocer sin ningún recato ni confidencialidad, como lo establecen los acuerdos bilaterales y el debido proceso,  que contaba con acusacionbes por conspiración para la importación de narcóticos, posesión de ametralladoras y artefactos explosivos, así como conspiración para poseer dispositivos destructivos en contra del gobernador, el senador del estado, el ex secretario de Finanzas, el vicefiscal, el secretario de Seguridad, el presidente municipal de Culiacán y cuatro ex mandos policiales.

La postura de la mandataria mexicana ha sido firme en el sentido de que nuestro país jamás se subordinará a las decisiones de otra nación, en este caso de Estados Unidos, y que la soberanía nacional debe respetarse en todo momento, lo cual pareciera importarle poco a las autoridades de la unión americana, quienes no han mostrado al menos un poco de diplomacia con la posición mexicana, sino todo lo contrario.

El caso es que el espinoso momento que viven México y Estados Unidos, al menos por la forma en que se ha presentado hasta ahora, pareciera que de fondo es más un tema político que de seguridad, lo cual ha sido aprovechado por la oposición al régimen, que no ha dudado en hacer leña del árbol caído en lugar de cerrar filas contra intereses injerencistas, lo que ha levantado más sospechas que certezas. 

Restando… El nuevo orden petrolero

No debería sorprendernos la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), producto de las tensiones internas acumuladas durante años, y de las grandes divergencias en lo que se refiere a cortes, cuotas y negociaciones. Hoy la estructura del otrora poderoso cártel empieza a fracturarse justo cuando más se requiere una capacidad de respuesta.

El problema de fondo es que el mercado petrolero dejó de ser un mercado en el sentido estricto. La lógica clásica —oferta, demanda, precio— fue desplazada por la geopolítica. El cierre del Estrecho de Ormuz es la expresión más clara de ese cambio. Sobre ese cuello de botella del sistema energético global, transita cerca de una quinta parte del crudo mundial. Cuando ese paso se bloquea, el problema ya no es cuánto petróleo se produce, sino cuánto puede llegar a su destino.

En ese contexto, la reacción de la OPEP ha sido tan predecible como insuficiente. Anunciar incrementos de producción en medio de una interrupción logística mayor es, en los hechos, un guiño político. Sirve para mandar una señal de estabilidad, pero no corrige el desequilibrio. El mercado no está respondiendo a expectativas, sino a restricciones físicas.

La escalada de Estados Unidos e Israel contra Irán es la causante de esa disrupción que convirtió al petróleo en un instrumento de presión estratégica. El bloqueo de rutas marítimas, los ataques a infraestructura y la amenaza constante sobre el tránsito energético han redefinido el entorno. No hablamos ya de estabilizar precios, sino de garantizar el acceso. Ante la capacidad militar y logística de los estados, muy poco puede hacer el máximo órgano petrolero.

Paralelamente, el mercado empieza a reconfigurarse. Estados Unidos, que hace una década era visto como un actor más, hoy ocupa una posición distinta. Su capacidad de producción y exportación le permite llenar parte del vacío que deja el Golfo Pérsico. Estados Unidos es el mayor productor en el mundo, mientras mantiene influencia sobre el país con las mayores reservas probadas: Venezuela. Europa, particularmente vulnerable tras años de dependencia externa, encuentra en el crudo norteamericano una alternativa inmediata.

La salida de Emiratos cobra sentido en ese nuevo entorno. Más que un desacuerdo coyuntural, refleja la intención de algunos productores de recuperar margen de maniobra frente a un esquema rígido que ya no garantiza beneficios claros. Permanecer dentro de la OPEP implicaba disciplina en tiempos de estabilidad; en un ambiente fragmentado, esa disciplina se convierte en una limitante.

Para México, el escenario es contradictorio. El alza en los precios internacionales fortalece los ingresos petroleros y, en el corto plazo, mejora la posición fiscal. Pero ese beneficio convive con un costo estructural: el encarecimiento de los combustibles que importa. La dependencia de refinados (subsidiados) expone a la economía a una inflación energética incontrolable.

Existe un componente menos visible pero no por ello menos importante: la incertidumbre. En un mercado estable, los ciclos de precios permiten planear. En un mercado sujeto a eventos geopolíticos, la volatilidad se vuelve norma. Para una economía como la nuestra, que enfrenta márgenes fiscales estrechos, esa volatilidad complica la toma de decisiones.

Durante décadas la OPEP funcionó como un mecanismo de equilibrio: ajustaba la oferta y con ello influía en los precios. Hoy ese modelo enfrenta un límite estructural. Lo que estamos atestiguando no es ya una crisis pasajera sino una transición: el petróleo sigue siendo el mismo, pero opera en un entorno diferente: más fragmentado, más politizado y menos gobernable. La salida de Emiratos, el cierre de Ormuz, el papel de Estados Unidos y el conflicto con Irán son los palos de una misma baraja. El mercado ya no se ordena: se disputa.

Dividiendo… El auge de la renta y el cambio de paradigma urbano

En un momento en que la conversación pública suele centrarse en el acceso a la vivienda desde la óptica de la compra, el mercado de renta en la Ciudad de México está contando una historia distinta —y reveladora— sobre cómo están cambiando las prioridades urbanas.

Durante el webinar organizado por University Tower, la torre residencial más alta de Paseo de la Reforma, con la participación de especialistas de desarrolladora del parque e Inmuebles24, quedó claro que no solo es el incremento en la demanda, sino se trata de un giro estructural en la forma de habitar la ciudad: hoy, más de la mitad de las búsquedas inmobiliarias están orientadas a rentar, no a comprar.

Este dato, por sí solo, podría leerse como una consecuencia de las limitaciones de acceso al crédito; sin embargo, sería simplista quedarse ahí. Lo que estamos viendo es una transición más profunda, donde la flexibilidad se posiciona como un nuevo valor aspiracional.

En una ciudad dinámica, densa y en constante transformación, la renta permite adaptarse a ciclos laborales más cortos, a modelos híbridos de trabajo y a estilos de vida menos anclados a la propiedad. En ese sentido, el auge del arrendamiento es una señal de sofisticación del mercado.

A la par, los indicadores económicos refuerzan el atractivo del sector: rentas con crecimientos acumulados de hasta 54% en los últimos años y rendimientos superiores al 6% colocan a la vivienda en renta como un activo competitivo frente a otras alternativas de inversión. Pero aquí conviene matizar: este dinamismo no está exento de tensiones. El alza en precios, impulsada por una oferta contenida y una demanda creciente, abre preguntas sobre asequibilidad y el rol de desarrolladores y autoridades para evitar que el mercado se vuelva excluyente.

Otro elemento clave que emerge de este análisis es la redefinición del concepto de valor inmobiliario. El tamaño ha dejado de ser el eje central para dar paso a una lógica más integral: ubicación, conectividad, servicios y experiencia. El nuevo inquilino no busca solo un espacio para vivir, sino un ecosistema que le permita trabajar, socializar y acceder a amenidades dentro de un radio eficiente. Este cambio explica el auge de la vivienda compacta, del modelo multifamily y de propuestas tipo “housing as a service”, que apuntan hacia una profesionalización creciente del mercado de renta.

En el fondo, lo que este fenómeno revela es una ciudad que se está reconfigurando en tiempo real. La expansión hacia nuevas colonias, la reconversión de corredores como Reforma y la llegada de talento internacional no son hechos aislados, sino parte de un mismo proceso: la consolidación de un modelo urbano más flexible, vertical y orientado al servicio. Para inversionistas, la señal es clara; para la política pública, el reto es mayor. Porque si bien el mercado está marcando la pauta, será la capacidad de equilibrar rentabilidad con accesibilidad lo que definirá si esta transformación resulta sostenible a largo plazo.