OPINIÓN DANIEL JACOBO

TODO SE ROBAN AQUÍ

Parecería chiste, pero es anécdota: en este país, todo se roban. Y no solo son los políticos, sino miles y miles de personas que roban cables, tapas de coladeras, huesos y ruinas prehistóricas. Todo.

'Porque bien pueden robarte a mano armada, como pueden hacerlo de forma disfrazada', escribe Daniel Jacobo.
"Porque bien pueden robarte a mano armada, como pueden hacerlo de forma disfrazada", escribe Daniel Jacobo.Créditos: Canva
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Parecería chiste, pero es anécdota: en este país, todo se roban. Y no solo son los políticos, sino miles y miles de personas que roban cables, tapas de coladeras, huesos y ruinas prehistóricas. Todo.

La cultura de tomar algo que no es propio para obtener un beneficio de él, se ve también de distintas formas en nuestro país. Porque bien pueden robarte a mano armada, como pueden hacerlo de forma disfrazada. Y los disfraces son cada vez más complejos.

La más reciente complejidad, parece, es enviar mensajes de texto a infinidad de usuarios ingenuos con la finta de que deben pagar, de manera casi inmediata, una sanción vehicular. Este mensaje lo acompañan con un enlace al que, algún distraído, le dará clic y se expondrá a fraude, estafa o robo de información.

Antes, este tipo de estafas eran más violentas, porque era a través de una llamada, amenazando con hacerle algo malo a un ser querido si no accedían a pagar.

Hoy ya ni eso, ni una llamada. Basta con elaborar un mensaje falso para que en cualquier distracción o ingenuidad de quienes menos cercanía tienen con el internet, caigan.

Y la pregunta es: ¿de dónde obtuvieron mi número para enviarme el mensaje? 

La respuesta es sencilla: o lo robaron o lo dimos nosotros mismos. La primera, pudo ser a través de un robo o filtración de bases de datos. La segunda, en esa necedad que tenemos de dejar todo público y enlazado; en redes sociales, por ejemplo, hay quienes vinculan su número telefónico y lo dejan a disposición de cualquiera a través del contacto.

Lo cierto es que ese mensaje no necesariamente ese enviado específicamente a nosotros, “Juanito Pérez”; sino que más bien, es un envío masivo del mismo mensaje a miles de números para ver cuál es el afortunado, para los delincuentes, que pega. Y, lamentablemente, siempre hay uno que cae.

Por ello tenemos que estar pendientes de nuestra seguridad y entorno en todo momento, porque aunque no lo queramos, parece inevitable que nuestros datos circulen libremente. Lo que sí podemos hacer es mejorar nuestros procesos de verificación e identificación. Ir un paso adelante.