OPINIÓN HÉCTOR ZAGAL

Amar y llorar en tiempos de la IA

La IA puede procesar datos a una velocidad humillante para nuestros cerebros cansados, puede imitar nuestra lenguaje sorprendentemente, puede replicar valoraciones y simular modales afectivos, pero no experimenta, no disfruta, ni sufre.

La IA puede producir palabras de consejo, de empatía, de amistad e incluso de amor, algo que para muchas personas es reconfortante.
La IA puede producir palabras de consejo, de empatía, de amistad e incluso de amor, algo que para muchas personas es reconfortante. Créditos: Pexels
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Esta semana charlé con un centenar de profesores de secundaria sobre los retos de la IA en la formación de los adolescentes. Una constante: las chicas y los muchachos han hecho del Chat GPT el confidente a quien le comparten sus desventuras.

Mi conferencia se apalancó en Magnifica Humanitas, la primera encíclica de León XIV “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. El Papa introduce una distinción apremiante: la inteligencia artificial no es inteligencia humana. La IA puede procesar datos a una velocidad humillante para nuestros cerebros cansados, puede imitar nuestra lenguaje sorprendentemente, puede replicar valoraciones y simular modales afectivos, pero no experimenta, no disfruta, ni sufre. No se enamora ni llora. Ni siente ni se enoja. Esto, que parece menor a la luz de los intereses económicos –contra los que también nos advierte la encíclica–, es relevante a la luz de la pregunta por nuestra relación con la Inteligencia Artificial.

Perder de vista esta realidad conlleva el riesgo de ir poco a poco deteriorando las relaciones humanas. El gran riesgo no es que ‘alucine’ algunos datos cuando buscamos información, el problema es que, en su simulación de las relaciones humanas, nos vaya alejando de los otros con la complicidad de nuestra comodidad. Es más fácil “socializar” con la IA que con nuestros compañeros de trabajo.

La IA puede producir palabras de consejo, de empatía, de amistad e incluso de amor, algo que para muchas personas es reconfortante; pero esa palabra simulada no se debe confundir con una relación. Ni siquiera son palabras de cortesía, sino simulación de cortesía.

Estamos frente máquinas que están siempre disponibles para nosotros, que no nos juzgan, que no se cansan, no interrumpen… suena idílico en comparación a las fricciones de las relaciones humanas. La convivencia humana está poblada de malentendidos, enojos, impuntualidades. Y, sin embargo, precisamente eso es un recordatorio de que estamos frente a una alteridad real y enriquecedora.

Si abandonamos la búsqueda del otro caeremos en el aislamiento, la dependencia y la fragilidad emocionales. ¿No les llama la atención que los más jóvenes rehuyan las llamadas telefónicas? Los jóvenes que están en edad de sostener vínculos sociales y comenzar a formar comunidades reales tienden a privilegiar el contacto digital y, en no pocos casos, prefieren la compañía de la IA antes que la de un humano.

Contamos con herramientas de comunicación como nunca y, al mismo tiempo, la capacidad de esquivar el encuentro, de huir de la incomodidad. La salida cómoda se encuentra en una soledad aparentemente acompañada de la máquina. Para hablar con la IA no debemos mantener una conversación ingeniosa, ni vencer la timidez, ni enfrentar el riesgo de una mala cara.

La Magnifica Humanitas es menos un texto sobre la IA y más un texto sobre la persona humana. Sobre el riesgo de acostumbrarnos a la apariencia de la relación y olvidar el trabajo, a veces fatigoso pero irremplazable, de la relación verdadera. Sobre la tentación de, en nombre de la eficiencia, perder algo más valioso que el tiempo: la disposición interior para buscar a otro ser humano.

No está de más tomar la advertencia en serio. Apagar de vez en cuando la pantalla. Llamar a un amigo. Visitar a la familia. Volver as las voces que no simulan, a las miradas renderizadas, a las amistades que, con todo y sus fricciones, son verdaderas y no simulaciones.

(Y por cierto, las erratas de este texto fueron corregidas por ChatGPT)

(Héctor Zagal y Luis Manuel Gómez, coautores de este artículo, conducen el programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal” en MVS 102.5 todos los sábados a las 17:00 y los miércoles a las 21:00. Ambos son profesores de Filosofía en la Universidad Panamericana)