El desmantelamiento de la más grande red de contrabando de combustible de la que se tenga memoria, la cual llegó a tener operaciones en estados como Querétaro, Tamaulipas y Jalisco, o el aseguramiento de un túnel de alta ingeniería que conectaba una instalación de Pemex en Nuevo León con un predio donde se almacenaba y distribuía hidrocarburo, dejan de manifiesto que la lucha contra el huachicol va en serio.
En cuanto al contrabando de hidrocarburo, una investigación encabezada por la Fiscalía Especializada en materia de Delincuencia Organizada de la FGR, en colaboración con el Gabinete federal de seguridad, pemitió desactivar el modus operandi de una enorme red que distribuía combustible con un esquema financiero irregular que evadía el pago de impuestos.
Lo relevante del tema es que los llamados “petrofactureros” participaban como representantes o socios de diversas empresas ante autoridades hacendarias o instituciones financieras, sin que contaran con los permisos, personal, ni infraestructura para ser constituidas como compañías operativas ni para comercializar, transportar o distribuir hidrocarburos.
Y no sólo eso, esta red empresarial se utilizó para mantener en funcionamiento un sofisticado esquema de huachicol fiscal, así como para diluir responsabilidades entre distintos actores y dificultar la identificación individual de quienes intervenían en este entramado, lo que favorecía actividades ilegales para simular la legalidad de recursos de procedencia ilícita.
Los cargamentos, que son etiquetados en muchos casos como lubricantes, aditivos o aceites, ingresaban a territorio nacional simulados por medio de declaraciones falsas, documentación adulterada, además de la emisión de facturas apócrifas, así como la constitución y uso de empresas fachada con las que se realizaban triangulaciones financieras, además de pagos ilícitos asociados a operaciones de descarga, transporte y comercio.
Por otro lado, la localización de un túnel en el municipio de Santa Catarina, Nuevo Léon, permitió asegurar más de 200 mil litros de combustible que habrían sido extraídos ilegalmente de un ducto de Pemex, con equipo de punta localizado en un predio diseñado ex profeso para esa actividad, que contaba con tractocamiones, autotanques, contenedores y hasta oficinas.
Los trabajos de la Fiscalía Especializada de Control Regional y la Agencia de Investigación Criminal, ambas de la FGR, con la colaboración de Pemex, la SSPC, la Defensa y la Guardia Nacional, dejaron al descubierto este elaborado esquema de robo de hidrocarburo que conectaba con un poliducto de 18 pulgadas.
Queda claro que las acciones de las autoridades federales en contra del huachicol han rendido frutos para recuperar activos a favor del Estado, al tiempo en que buscan debilitar la capacidad operativa de las redes criminales y evitar que los recursos nacionales sean utilizados ilícitamente.
Restando… Occidente frente al espejo latinoamericano
Durante décadas, Occidente observó a América Latina como una región atrapada entre populismo, crisis institucionales y desencanto democrático. Hoy, parte de Europa y Estados Unidos comienza a reflejar síntomas sorprendentemente similares.
El fenómeno aparece en prácticamente todo el mapa occidental. En Francia el crecimiento de Marine Le Pen y la normalización electoral de la extrema derecha reflejan el debilitamiento de los partidos tradicionales y el hartazgo frente a problemas como migración, inseguridad y deterioro del poder adquisitivo. En Alemania el ascenso de Alternative für Deutschland habría parecido impensable en un país que durante décadas simbolizó estabilidad democrática, consenso político y prosperidad industrial. Hoy la economía alemana enfrenta desaceleración, altos costos energéticos y el debilitamiento industrial europeo.
En pocos países occidentales el desgaste político resulta tan visible como en el Reino Unido. Durante buena parte del siglo XX, Londres representó estabilidad institucional, pragmatismo político y una economía capaz de reinventarse constantemente. Hoy el país enfrenta una combinación de bajo crecimiento, deterioro de servicios públicos, crisis de vivienda, deuda elevada y una creciente sensación de estancamiento nacional. El Brexit terminó funcionando como una enorme válvula de escape para el descontento acumulado contra las élites políticas y tecnocráticas. Lo que comenzó como un debate sobre la relación con Europa terminó convirtiéndose en una rebelión cultural y política contra el establishment británico. El ascenso de figuras como Nigel Farage refleja precisamente esa ruptura entre una parte importante de la ciudadanía y el sistema político tradicional.
En Italia, Giorgia Meloni llegó al poder con un discurso nacionalista y profundamente crítico de las élites europeas. En los Países Bajos, Geert Wilders capitalizó el enojo alrededor de la identidad nacional y la migración. Incluso en países históricamente considerados modelos de estabilidad social, como Suecia o Finlandia, crecieron movimientos políticos que cuestionan la apertura migratoria y el consenso liberal tradicional.
Pero posiblemente ningún caso es tan simbólico como el de Estados Unidos. El ascenso de Donald Trump no fue simplemente la irrupción de un empresario excéntrico, sino la manifestación de una fractura mucho más profunda dentro de la sociedad de su país. Regiones industriales devastadas por la deslocalización de empresas, clases medias endeudadas, jóvenes con menos posibilidades de acceder a vivienda y sectores completos de la población convencidos de que las instituciones dejaron de representarlos. La desconfianza hacia los medios de comunicación, universidades, partidos políticos y grandes corporaciones alcanzó niveles inéditos en décadas.
Lo más interesante es que muchos de esos síntomas resultan extraordinariamente familiares para América Latina: la misma ruptura entre ciudadanía y sistema político. La transición democrática posterior a las dictaduras generó enormes expectativas, pero con el tiempo muchos gobiernos fueron incapaces de resolver desigualdad, inseguridad, pobreza o corrupción. Formalmente había elecciones libres, congresos y partidos; en la práctica, millones de personas sentían que votar cambiaba muy poco sus condiciones de vida.
Ese vacío abrió espacio para liderazgos antisistema. En Venezuela, Hugo Chávez capitalizó el desgaste del viejo bipartidismo y el enojo acumulado tras años de crisis económica y desigualdad. En Perú, Alberto Fujimori apareció como outsider frente a partidos desacreditados y una economía colapsada. En Bolivia, Evo Morales construyó su ascenso sobre la percepción de exclusión histórica de enormes sectores de la población. En México el desgaste prolongado de las élites políticas tradicionales terminó abriendo el camino al ascenso de Andrés Manuel López Obrador.
El patrón se repite con matices distintos: ciudadanos cansados de escuchar que la democracia funciona mientras sienten que su vida cotidiana empeora o permanece estancada.
El gran problema de Occidente no es un colapso absoluto, sino una erosión gradual de confianza. Sus democracias siguen siendo más sólidas institucionalmente que muchas latinoamericanas de finales del siglo XX. Tienen bancos centrales fuertes, burocracias más estables y mayor capacidad económica. Pero Incluso democracias robustas pueden comenzar a debilitarse cuando amplios sectores de la población sienten que las instituciones ya no responden a sus intereses.
Esa es la coincidencia más relevante: las democracias no se ven socavadas cuando desaparecen las elecciones, sino cuando millones de ciudadanos dejan de creer que el sistema realmente puede mejorar sus vidas. Occidente se mira hoy en el espejo.
Multiplicando… Educar también es atraer talento
En México solemos hablar de la educación como un motor de transformación social, pero pocas veces se pone sobre la mesa una conversación igual de relevante: ¿quién está cuidando a quienes educan? Hoy, en un entorno donde el talento busca propósito, estabilidad y crecimiento profesional, las instituciones educativas también compiten por convertirse en los mejores lugares para trabajar.
Por eso resulta relevante que la UNAM encabece el ranking Best WorkPlaces 2026 de Computrabajo, el sitio de empleo líder en Latinoamérica, dentro del sector educativo, seguida por instituciones como el Tecnológico de Monterrey, UNITEC, UVM y UTEL. Más allá del reconocimiento, el listado refleja un cambio profundo en la manera en que se mide el prestigio de una institución: ya no basta con la excelencia académica; ahora también importa la experiencia laboral que ofrecen a docentes, investigadores, administrativos y colaboradores.
El dato cobra especial relevancia en un momento donde el mercado laboral atraviesa una transformación acelerada y las nuevas generaciones valoran entornos laborales más humanos, esquemas flexibles, desarrollo profesional y culturas organizacionales alineadas con el bienestar, y aunque durante años esta conversación parecía exclusiva del sector corporativo, hoy alcanzan con fuerza al ámbito educativo.
La educación enfrenta un doble reto: por un lado, formar a los profesionistas que demanda el país; por el otro, retener al talento que hace posible esa misión. Además, las universidades viven una competencia creciente por perfiles especializados, docentes bilingües, expertos digitales y líderes académicos capaces de adaptarse a nuevas dinámicas tecnológicas y pedagógicas.
En ese contexto, que instituciones como la UNAM lideren evaluaciones construidas a partir de la percepción de miles de colaboradores tiene un peso importante, ya que habla de organizaciones que, además de su tradición e impacto académico, han logrado construir entornos donde existe sentido de pertenencia, estabilidad y oportunidades de crecimiento.
Y es que la lógica es sencilla: no puede existir educación de calidad sin condiciones laborales de calidad y las instituciones que entiendan esto tendrán una ventaja clara en los próximos años. Porque al final, las universidades no solo forman profesionistas; también son grandes empleadoras que deben evolucionar al ritmo de las nuevas expectativas laborales.
