Que las vacaciones escolares se hayan adelantado (o todavía no, pero tal vez sí) con motivo del calor y del Mundial, no es una novedad.
En 2023, una tercera ola de calor en nuestro país, produjo cambios en el calendario escolar, principalmente en el norte: Sinaloa adelantó el fin de curso, al 30 de junio, unas dos semanas antes de lo previsto; o Tamaulipas, por ejemplo, que modificó los horarios de las clases presenciales.
Pero nada comparado a un mes más de vacaciones.
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En el caso de las sedes mundialistas, las modificaciones, por supuesto, han ocurrido: Qatar implementó un cierre total de escuelas y las vacaciones duraron unos 40 días; Brasil, por su parte, en 2014 permitió a estados declarar días festivos o adelantar vacaciones.
En el caso de Qatar, la medida se tomó porque todo el país fue sede. En cinco municipios, con ocho estadios, se jugó todo el Mundial. Brasil albergó el Mundial de 2014 en 12 sedes.
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¿México? Tres ciudades albergarán parte del Mundial. 13 de 104 partidos se van a jugar en esas ciudades: 5 en CDMX, 4 en Guadalajara y 4 en Monterrey.
El 12.5% del Mundial se jugará en México.
¿Eso es suficiente justificación para tomar la decisión “unánime” de pausar las clases un mes más? Porque aunque hoy se opongan los gobiernos de Nuevo León y Jalisco, sus secretarios de Educación respaldaron la decisión.
Y ojo, que si bien pasar más tiempo en las aulas no garantiza una mejor educación, como lo señala el IMCO, menos ayuda dejarlos fuera con un par de ez
¿A qué se debe entonces una pésima decisión política que fue presumida en redes sociales pero a la vez, frenada en seco por la propia presidenta quien la calificó de solo ser una “propuesta”?
En este país, a veces, lo que parece más maquiavélico, resulta mera ineptitud.
