El lamentable episodio en que un policía federal ministerial murió y otro resultó lesionado en diciembre de 2023 en San Luis Potosí no quedará en la impunidad luego de que fue llevado a proceso penal el último de los seis agresores que fueron identificados.
Se trata de Bruno “N” alias "El Nicho", identificado como probable líder de una célula grupo delictivo conocido como Los Alemanes, el cual es una escisión del llamado cártel de Los Zetas que opera en en esa entidad desde hace algunos años.
Relevante fue el papel que desempeñaron los propios compañeros de los policías agredidos, es decir, elementos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la Fiscalía General de la República (FGR), quienes llevaron llevaron a cabo trabajos de inteligencia que permitieron ubicar y detener a los sujetos.
Y crucial serán las labores ministeriales que realizará la Fiscalía Especializada de Control Regional en San Luis Potosí para robustecer la indagatoria y presentar ante la autoridad judicial todos los elementos de prueba con que se cuenta para que estos individuos sean castigados con todo el peso de la ley por privar de la vida y lesionar a los agentes que investigaban la venta de droga en la capital potosina.
Pero lo más importante de todo es el mensaje que lanza la FGR a la delincuencia organizada sobre que no habrá impunidad para quienes violenten el estado de derecho, pero particularmente sobre quienes atenten contra representantes del estado que buscan hacer cumplir las leyes y son atacados al cumplir con su riesgosa labor.
Multiplicando… Artemis II y la redefinición del poder espacial
El 6 de abril, mientras Artemis II rodeaba la Luna y emprendía su regreso, no solo culminaba una maniobra orbital: comenzaba en términos políticos una nueva carrera espacial.
Durante décadas, tras el fin del programa Apolo en 1972, la NASA reorientó sus prioridades hacia la órbita terrestre baja. El desarrollo del transbordador espacial y la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS) absorbieron recursos durante más de 30 años. Tan solo la ISS ha implicado una inversión acumulada superior a los 150 mil millones de dólares, convirtiéndose en el proyecto internacional más caro de la historia.
Sin embargo, este modelo está llegando a su fin. La ISS tiene fecha de caducidad estimada hacia 2030; su mantenimiento anual cuesta a los contribuyentes estadounidenses entre 3 mil y 4 mil millones de dólares anuales. Paralelamente, el programa Artemis, del cual Artemis II es una pieza clave, enfrenta un costo proyectado de más de 93 mil millones de dólares entre 2012 y 2025, según estimaciones oficiales. Es decir, la NASA se encuentra en un punto de inflexión presupuestal: sostener la infraestructura actual o financiar la expansión hacia la Luna.
El factor que ha acelerado esta decisión no es únicamente científico, sino geopolítico. La Administración Espacial Nacional China (CNSA) ha avanzado de manera consistente con su propio programa lunar, incluyendo planes para una base internacional en el polo sur de la Luna hacia la década de 2030. Esta competencia ha reconfigurado la lógica espacial: ya no se trata de exploración, sino de posicionamiento estratégico.
En este nuevo contexto, Artemis introduce una transformación estructural: la participación del sector privado. Empresas como SpaceX y Blue Origin no solo colaboran, sino que se han convertido en piezas fundamentales del programa. Este modelo híbrido busca reducir costos y acelerar el desarrollo tecnológico.
Este cambio también tiene implicaciones directas en otros proyectos. La futura sustitución de la ISS no será completamente estatal: estaciones privadas en órbita baja, promovidas por empresas como Axiom Space, buscan captar tanto inversión pública como comercial. En términos presupuestales, eso permite a la NASA liberar recursos para objetivos más ambiciosos, como la presencia sostenida en la Luna y, eventualmente, misiones tripuladas a Marte.
Pero el dilema no queda ahí. El presupuesto anual de la NASA ronda los 25 mil millones de dólares; estos fondos deben alcanzar para exploración lunar, ciencia, mantenimiento de operaciones actuales y desarrollo tecnológico. En términos prácticos, esto implica decisiones difíciles: cada dólar que va a Artemis es un dólar que no se invierte en otros frentes desde telescopios espaciales hasta misiones planetarias.
Artemis II, en ese sentido, no es una misión espectacular por lo que hará —un sobrevuelo lunar sin alunizaje— sino por lo que representa: es la validación de un nuevo modelo operativo y financiero en el espacio. Un modelo donde la competencia internacional, la participación privada y las restricciones presupuestales obligan a redefinir las prioridades.
Paradójicamente, el gasto militar de Estados Unidos en un año equivale a 9 veces el presupuesto total de Artemis en más de una década. Esa disparidad podría modificarse en los próximos años: el espacio ha dejado de ser un ámbito de exploración, se está convirtiendo en una extensión directa del poder y la seguridad nacional.
Dividiendo… El efecto Mundial: entre la euforia futbolera y la oportunidad inmobiliaria
La reinauguración del Estadio Azteca el pasado fin de semana no solo marcó el regreso de uno de los símbolos más potentes del futbol mundial; también fue, en los hechos, el banderazo económico de lo que será la antesala del Mundial 2026. Porque más allá del espectáculo deportivo, lo que se puso a prueba fue la capacidad de la Ciudad de México para absorber —y capitalizar— flujos masivos de visitantes en periodos concentrados. Y ahí, el verdadero partido no se juega en la cancha, sino en el mercado inmobiliario.
Con los próximos encuentros internacionales en puerta y la expectativa de millones de visitantes, la presión sobre la infraestructura turística será inevitable. Como ya advierten especialistas como Enrique Téllez, Co-Director de desarrolladora del parque, veremos un fenómeno atípico: tarifas elevadas, ocupaciones al límite y una expansión “orgánica” de la oferta, donde incluso los hogares se convierten en unidades de hospedaje temporal. No es una distorsión menor, es una señal clara de un déficit estructural que la hotelería tradicional no ha logrado cubrir.
Sin embargo, conviene poner paños fríos. Este no es un boom inmobiliario en el sentido clásico, sino un pico coyuntural con efectos diferenciados. Como bien apunta Federico Jiménez, Regional Partner MX-Centro de 4S Real Estate, el Mundial será un catalizador, no el fundamento del crecimiento. La clave está en identificar qué activos tienen la capacidad de capturar valor más allá del evento y ahí es donde entra una variable que el mercado ya tiene bien identificada: la ubicación.
Los corredores centrales no solo concentran conectividad y servicios; concentran demanda real, tanto de corto como de largo plazo. Bajo esta lógica, la vivienda vertical bien ubicada se convierte en una pieza estratégica del ecosistema urbano. Proyectos como University Tower ilustran esta transición, no como una respuesta oportunista al Mundial, sino como parte de una transformación más profunda hacia modelos de ciudad más densos, eficientes y orientados a la renta.
El fondo del asunto es claro: la CDMX ya opera como un hub global de eventos —Fórmula 1 o conciertos masivos— y el Mundial amplifica una dinámica existente. En ese contexto, como señala Justino Moreno, Head of Accumin Intelligence México, los incrementos en plusvalía en zonas premium no son una anomalía, sino la consecuencia lógica de un mercado con alta demanda y oferta restringida. El reto, hacia adelante, no será aprovechar el pico de 2026, sino entender que el verdadero valor está en construir —literalmente— ciudad para lo que viene después.
