Un gran poder de convocatoria fue el que demostró la titular de la Fiscalía General de la República, Ernestina Godoy Ramos, durante la presentación del Plan Estratégico de Procuración de Justicia 2026-2029 que se llevó a cabo en el Centro Cultural del México Contemporáneo, ubicado en el corazón del centro histórico de la capital del país.
Integrantes del Gabinete de Seguridad federal, ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, secretarios de Estado, gobernadores estatales, senadores de la República, diputados federales, fiscales generales de justicia, magistrados de tribunales federales y estatales, dueños de medios de comunicación, activistas y empresarios acudieron al llamado de la responsable de procurar justicia a nivel nacional.
Y es que ante un recinto completamente lleno, abarrotado de reporteros, camarógrafos, fotógrafos e influencers, Godoy Ramos presentó el nuevo modelo de investigación de la institución que encabeza, el cual busca colocar a las víctimas al centro y dejar atrás la impunidad que se ha hecho presente por décadas en la búsqueda de justicia.
Muy lejos quedó el esquema de los acarreados, pero muy cerca estuvo la figura de invitadas e invitados, de cualquier tipo, que no dudaron en asistir al flamante evento que, con todo y la visita de la Presidenta Claudia Sheinbaum a España o la crisis que enfrentaba la Fiscalía capitalina por un lamentable caso de desaparición y feminicidio, marcó mediáticamente el inicio de la gestión en la FGR de la ex consejera jurídica federal y senadora con licencia.
Queda clarísimo que la oposición debe darse de topes por haber frenado la ratificación de la ex fiscal general de Justicia de la Ciudad de México aquel 8 de enero de 2024 en que diputados locales panistas, priistas y perredistas se aferraron para evitar a como diera lugar que Ernestina Godoy Ramos fuera reelegida en el cargo. Nunca imaginaron que en lugar de debilitarla, la hicieron más fuerte. Sin duda fue un control de daños que nunca calcularon.
Multiplicando… Economía digital: la nube que no flota
Durante años, la economía digital se construyó bajo el mismo paradigma: los datos se almacenan en la nube. Un espacio aparentemente infinito, etéreo, sin fronteras ni límites físicos. Ahí se concentra nuestra información más delicada, nuestras fotos, nuestras conversaciones, nuestras decisiones; pero también, ahí se está construyendo el futuro económico.
Una nube muy curiosa porque no flota en el aire. Detrás de cada búsqueda, cada video, cada sistema de inteligencia artificial, existe una infraestructura concreta: enormes centros de datos que almacenan, procesan y distribuyen información a escala global. Lejos de ser invisibles, estos complejos industriales consumen cantidades masivas de energía, requieren sistemas muy complejos de enfriamiento y dependen de condiciones geográficas muy específicas para operar.
Lo cierto es que la economía global es profundamente física.
El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial ha hecho evidente algo que hasta hace poco permanecía en segundo plano: el límite del mundo digital no es tecnológico, sino energético. Hoy, los centros de datos consumen tanta electricidad como países enteros –y su demanda podría duplicarse hacia 2030–. La expansión digital introduce así una presión inédita sobre sistemas energéticos ya muy estresados.
A ello se suma un factor aún menos visible: el agua. Mantener operativos estos sistemas requiere enfriamiento constante, lo que implica un consumo significativo en regiones que, en muchos casos, ya enfrentan estrés hídrico. Un contrasentido: la infraestructura que sostiene el futuro digital está tensando los recursos que hacen viable la vida en el presente.
El problema se amplifica si analizamos el factor geopolítico. Los centros de datos no se encuentran distribuidos al azar. Se concentran en territorios con energía barata, estabilidad política y conectividad robusta. Esto ha comenzado a crear una nueva geografía del poder: países y regiones que albergan infraestructura digital crítica adquieren una ventaja estratégica que trasciende lo económico. Para hacernos una idea, Estados Unidos cuenta con más de 5 mil centros mientras que México apenas si llega a los 150.
Pero hay otra vertiente. Quien procesa los flujos digitales, quien garantiza –o limita– el acceso, tiene una capacidad de influencia que hasta hace poco pertenecía exclusivamente a los Estados. Hoy, en muchos casos, esa capacidad está en manos de grandes corporaciones tecnológicas que operan a escala global, pero con intereses propios.
La nube, en ese sentido, no es un espacio neutral. Es una infraestructura disputada, regulada, protegida. Un territorio donde convergen empresas, gobiernos y fricciones internacionales. Y, como ocurre con cualquier otro activo estratégico, su control empieza a ser objeto de competencia.
Para países intermedios, el desafío es doble. Por un lado, atraer inversión en infraestructura digital puede traducirse en desarrollo, empleo y mayor integración en la economía global. Por otro, implica asumir nuevas dependencias: energéticas, tecnológicas y regulatorias. Formar parte de la nube global no necesariamente significa controlarla.
Durante años nos dijeron que los datos eran el nuevo petróleo. Pero la analogía está incompleta sin la infraestructura que lo procesa. Los centros de datos son las refinerías del siglo XXI. Ahí se transforma la información en valor, en poder, en influencia. Y como toda refinería requiere territorio, recursos, protección y por su naturaleza necesariamente compromete la seguridad nacional.
Poéticamente, la llamada economía digital prometía un mundo sin fricciones. Su desarrollo ha revelado que en la era de los datos, el poder sigue dependiendo de quién controla la energía, el agua y los datos.
Dividiendo… Perspectivas inmobiliarias para 2026
Mientras la demanda de vivienda se mantiene constante, el número de ventas y el otorgamiento de créditos se han topado con un freno: los precios y la falta de nuevos proyectos. Para el próximo ciclo, los ganadores serán quienes apuesten por la redensificación céntrica, el modelo de rentas y logren descifrar la fórmula de la vivienda asequible, de acuerdo con Justino Moreno, Head of Accumin Intelligence México, la multinacional de valuación inmobiliaria.
De acuerdo a un análisis de la consultora, las características del mercado inmobiliario para el 2026 en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, son: el agotamiento del inventario; los precios al alza y el crecimiento del mercado de vivienda usada, y las rentas institucionales.
En el caso de la Ciudad de México y su zona metropolitana, entre 2016 y 2018, se iniciaban entre 120 y 150 proyectos verticales por trimestre; actualmente, la cifra ha caído a un rango de entre 45 y 60 proyectos. Al no haber suficientes proyectos nuevos, los compradores se dirigen al mercado de vivienda usuaria, elevando sus precios. Con el incremento de los precios y el deseo de evitar trayectos de 2 horas o más hasta los centros de trabajo, la renta se vuelve una opción factible.
Es por esto último que el modelo Multifamily (rentas institucionales) se espera se consolide en 2026, ya que los inquilinos valoran ahora más que nunca las facilidades, amenidades, seguridad y ubicación céntrica que ofrecen estos proyectos. En corredores prime de la CDMX, como Reforma, Condesa y Roma, estos edificios están alcanzando ocupaciones del 95%.
La buena noticia es que se proyecta una recuperación con un crecimiento del sector inmobiliario del 2.1% para el próximo año. Lo anterior motivado por la nueva política de vivienda del actual gobierno y su ambiciosa meta de construcción; un aumento proyectado del 8.6% en el presupuesto federal para obra pública y la reactivación de naves industriales gracias al efecto continuo del nearshoring y la estabilización del comercio exterior.
Para este año, los ganadores serán los desarrollos enfocados en regiones con la mejor infraestructura, la mayor disponibilidad energética y la mejor conectividad logística. Los submercados con mejor infraestructura serán un filtro para la demanda: disponibilidad de energía, factibilidad de agua, eficiencia operativa y ubicación estratégica.
