OPINIÓN LETICIA GONZÁLEZ

Lección oaxaqueña

La verdad se apoya mucho a la gente, todavía no se pierden esas tradiciones. Sí, hacen comunidad.

Créditos: Foto: Especial
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En el taxi rumbo al hotel.

-Oiga, ¿y cómo se llaman esos muñecos gigantes que bailan en las calles?

-Monos de calenda. Los contratan los coordinadores, ya hay mucho coordinador de bodas acá, y son parte obligada del paquete de cualquier boda, junto con los tiliches, esos que bailan vestidos con tiras de colores, como si fueran retazos de ropa vieja. También se ocupan para los quince años.

Es que acá la tradición es que los padrinos le compran su vestido: la niña se queda con ellos desde un día antes, el mero día la llevan a peinar, a maquillar y se la llevan a misa. Se la regresan a su casa después de misa y a las dos horas se manda por ellos, unos representantes de los papás llegan y ya se los traen, recorren el pueblo por el andador, con los monos bailando, la banda, y ya los papás los estamos esperando en el salón para recibirlos.

Yo soy de Trujano, mi esposa es de la Raya, que está ahí pegadito, ahí pensamos hacer la fiesta de mi niña, ahí están los padrinos también. Y luego, cuando acaba la fiesta, hay que ir a dejar a los padrinos a su casa, a la hora que sea, así ya esté saliendo el sol. Esa parte ya no está tan agradable, tener que ir a dejarlos. Va a ser en septiembre y yo ya, ya fui a México a comprar cosas, porque ya se viene la fecha. El vestido van a ir a comprarlo en julio allá. Que no le gustó ninguno de aquí. Es que ella es de esas quinceañeras modernas, porque aquí hay vestidos de quinceañera típicos, sí, bordados a mano. Pero no, ella quiere uno de esos que no caben por la puerta. La otra vez pasamos por la Lagunilla y le gustó uno que tiene una capa y no sé qué, color uva, creo. No, allá si hay para escoger. Muchísimo.

No, pues aquí digamos la fiesta la tengo programada para 450 personas. Uy, es que la familia de ella... Yo no tengo familia acá, de hecho yo nací en la Ciudad de México, mis abuelos por parte de mi papá eran de aquí de Oaxaca. Y mis papás tomaron la decisión de venirse acá. Y me trajeron en el 94. Claro. Ellos nos van a apoyar en todo para la fiesta, es muy grande. Yo voy a ver a la familia de mi esposa, ¿sí? Los voy a ver y les doy la invitación y me preguntan si necesito algo. Y ya le digo: no, pues ¿sabes qué? ¿No me puedes poner diez cartones de cerveza? Pero se lo tienes que ir a avisar con antipación, claro, te ayuda que te apoyen. O le dices: no, pues ¿sí puedes pagar, este, el DJ? Dice: sí, claro. O sea, nunca se niegan. Nunca.

Cuando pase la fiesta de mi hija, cuando ellos tengan un compromiso, yo tengo que reponerles lo mismo, claro, claro. Pero lo tengo que tener presente: cuando ellos van a dejarme una invitación, yo les pregunto: ¿y necesitas que te ponga y te reponga lo mismo, o necesitas otra cosa diferente? Y ellos te dicen: no, está bien, pon los diez cartones, o con el DJ, claro. En la cocina, pues voy a matar una res completa. Bueno, los tíos de mi esposa la van a matar y sus tías van a cocinar la comida. Es eso, apoyarnos, ayudarnos. A ellas, también a ellos, en agradecimiento yo tengo que comprarles cosas como para regalar, como recuerditos, estoy pensando como algo de México, así como ir a México y buscar, a ver qué les parece. Sí. Y aquí ya después, verdad, su cubetita con comida. Mi niña… Y luego que quiere chambelanes, pero claro, los quiere rentados, no improvisados. Y luego las bodas son como seis días.

De verdad. Yo también la pienso para casarme, ¿eh? No sé. Los seis días. Es que aquí, bueno, ahorita ya no, porque ya llevamos rato juntos, pero aquí tienes que ir a pedir a la novia, y es fiesta. Ajá. Después los padrinos de ese compromiso se empiezan a organizar para ponerse de acuerdo qué te van a dar. Sí. El refrigerador, la estufa, la cama, el ropero, porque sí siguen dando todo eso. Y ya después de eso, sigue la fiesta de la bendición. Ajá. Donde toda la familia del novio y de la novia, los más cercanos, los invitas a comer o a cenar y te ponen un altar donde te hincan y pasa toda la familia a darte la bendición. Y ya de ahí, pues sigue lo que va siendo la boda por el civil, esa la pagan los papás de la novia. Y ya de ahí sigue la boda de la iglesia donde pagan los papás del novio. Y como yo no tengo papás, pues lo termino pagando, claro. Pero también los padrinos de velación aquí te visten, te calzan a los novios. Sí. Te compran el vestido y el traje del novio. Mi mujer dice vamos a casarnos, pero si no hay por la iglesia, no. Y de hecho todos los padrinos de ella están así de que ya cásense, quiero cumplir, quiero esto. Le digo no, pues es que sí me la pienso, aunque aquí hasta para morirse apoya mucho la gente.

Aquí cuando se muere alguien, usted ya no tiene que ir, usted ya no va a pedir que le ayuden para hacer la comida, aquí ya están los grupos de las cocineras, las que hacen el chocolate, las que lavan los trastes, porque aquí no se ocupa el unicel, todo es de plástico de esos de que lo vuelven a lavar, lo vuelven a ocupar, sí. Y usted ya no necesita avisar, ellos mismos empiezan a llenar de gente. Sí, sí. Y empiezan a llevarte que arroz, que café, que azúcar, que tamales, todo. Incluso aquí la gente hasta va a escarbar para hacer el hoyo. Llevan música, que el “Dios nunca muere”, que la marcha fúnebre, todo con la banda, incluso una pieza que a él le gustara, aunque sea alegre. Incluso a los deudos les das una ofrenda, dinero. Les das dinero y ya te pasas a cenar. Y ya los hombres, los esposos de las cocineras, esos se dedican a pasar a la gente a cenar. Y a levantar los trastes sucios y a volver a acomodar a la gente.

O sea, aquí sí, la verdad se apoya mucho a la gente todavía, todavía no se pierden esas tradiciones. Sí, hacen comunidad… Cuando fallece alguien, tocan las campanas del pueblo y es cuando ya se sabe que hay difunto. Cuando las tocan despacito, sí. Ya cuando las tocan fuerte es porque están pidiendo el apoyo para que vayas a ver si hay un problema, algo en el pueblo, algún ratero. Es que a los rateros, prenden una leña y así prendida con la lumbre prendida la pasan en las patas a los rateros. Ajá, para que se la piensen, claro.

Ya llegamos. Hacia allá es el Zócalo, hacia la derecha, ándele, por allá. Mire, allá andan ya los monos bailando, por los que andaba usted preguntando.