OPINIÓN DANIEL JACOBO

¿Qué es “vivir”?

Las redes sociales, fieles a su crueldad, pusieron al centro del debate la decisión de Noelia tomando como punto de partida las decisiones políticas.

Noelia buscó una salida. Para algunos, “fácil”.
Noelia buscó una salida. Para algunos, “fácil”.Créditos: Europa Press
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El caso de Noelia Castillo Ramos, la joven a quien le concedieron el aval para recibir la eutanasia en España, es uno de los más estremecedores que he escuchado en años.

Es estremecedor porque Noelia era muy joven; muy joven para morir, pero también muy joven para haber vivido lo que vivió: abusos sexuales; haber sido recluida en centros de menores; y un intento de suicidio en 2022 que la dejó parapléjica y que le provocaría dolores insoportables de por vida.

Por ello, Noelia buscó una salida. Para algunos, “fácil”; para otros, hasta cobarde por “no querer luchar”.

Las redes sociales, fieles a su crueldad, pusieron al centro del debate la decisión de Noelia tomando como punto de partida las decisiones políticas, el cuidado de los padres, los valores de la familia y un sinfín de ideas que no permitían que Noelia estuviera en el centro.

Para ellas, las redes, la decisión de Noelia fue básicamente por una “depresión”.

Pero la realidad es que nadie sabe lo que el otro vive, sufre o padece, hasta que no lo vive, sufre o, precisamente, padece.

La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, presentada por el sitio Maldita.es, expuso que ella presentaba una lesión de médula espinal lumbar incurable y no rehabilitable. Además, esto la limitaba en su autonomía física que le impedía valerse por sí misma.

La misma sentencia señalaba sobre sus problemas mentales, que de acuerdo con la valoración, “los trastornos que presenta Noelia no le afectan a su capacidad de raciocinio y voluntad”. Por tanto, Noelia era libre de tomar la decisión que ella quisiese tal y como lo hizo.

A la falta de motivaciones y objetivos que ella misma aseguró tener en una entrevista para la televisión española, había que agregarle que su lesión era “crónica, permanente e irreversible, sin alternativas terapéuticas a día de hoy”.

Quizá es más fácil “luchar” cuando hay un fin al que llegar, como la curación misma o el alivio del sufrimiento. Pero cuando no lo hay, entonces, ¿qué queda?

Noelia Castillo Ramos recibió la eutanasia el jueves 26 de marzo del 2026 a las 18 horas de España en el Hospital Sant Camil de San Pere de Ribes en Barcelona. Tenía 25 años.

Y me quedo con estas desoladoras palabras suyas en este contexto: “Quiero irme ya en paz y dejar de sufrir y punto. La felicidad de un padre, de una madre o una hermana no puede estar por encima de la felicidad de una hija”.