OPINIÓN LUIS ANTONIO DURÁN

'Nothing's About to Happen to Me': La libertad del encierro

En “Where's My Phone”, Mitski se retrata a través de esa mujer ansiosa y abrumada por un millón de cosas.

Mitski presenta “Nothing’s About to Happen to Me”.
Mitski presenta “Nothing’s About to Happen to Me”.Créditos: EFE
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Nadas de espaldas en un lago. El cielo se abre frente a ti: un sin fin de luz. Detrás está la obscuridad del agua: un pasado profundo, de errores y arrepentimientos. Como el infierno de un pueblo chico, donde todos dicen “conocerte”, una gran ciudad es el cielo de nuevas oportunidades. El lago escondido de ese pueblo es el portal hacia una vida diferente, donde nadie sepa de ti, donde nadie te juzgue; una forma de libertad, aunque sea de mente. 

Mitski presenta “Nothing’s About to Happen to Me”, un álbum conceptual en el que, a través de 11 canciones, se personifica como “una mujer recluida en una casa desordenada”; loca ante los ojos de todos, pero libre en su rinconcito del mundo.

En “Where's My Phone”, Mitski se retrata a través de esa mujer ansiosa y abrumada por un millón de cosas, tanto fuera de su casa como dentro de su mente; una atmósfera distorsionada entre la que surgen los lamentos de la mujer: ¿dónde está mi teléfono?, la droga, el escape disociativo para aclarar la mente, para ignorar el ruido, con contenido vacío. Al final, el ruido se disipa; quizá lo encontró, quizá se durmió. Como sea, la paz volvió por un momento, entre ropa usada y un sillón de pelo gato. 

Mitski se da permiso de ser patética un momento, dejarse sumergir en la tristeza. En “I’ll Change for You”, Mitski coloca su corazón roto al lado de un trago. Está sola rodeada del murmullo de un bar. No quiere que alguien le diga que todo estará bien, al contrario, vive la negociación dentro del duelo del rompimiento: jura que cambiaría por alguien que está cada vez más lejos; tan lejos que ni siquiera su llamada ebria lo alcanza. Pero recordemos que este tintineo es parte del ajetreo de su mente, una ilusión más dentro de la soledad de su castillo de segunda mano.

En cada canción ahondamos en la mente de este personaje paranoico de Mitski. En “If I Leave”, la mujer está aferrada a un amor que comprende su estado mental. Siente miedo de perderlo por su propio bien. Le hace notar que sería feliz sin ella, pero que poco a poco se destruiría en un llanto atronador, como piedras en la obscuridad del túnel sin salida. Sollozos de un corazón indefenso, que busca palmaditas de su amante-protector.

Sin embargo, siente un poco de calma junto a sus dos gatos, a quienes le dedica la balada “Cats”. Tras el rompimiento, el ronroneo es la medicina que le recuerda al corazón que el final es parte de la vida misma. El amor también se mueve y se va, como los gatos que entregan su besitos peludos a quienes lo merecen. Un buen día se podrán ir de la casa cuando el cariño sea suficiente, para ir con quien lo necesite.

Nada está a punto de pasarme, es una frase con la que Mitski habla con su ansiedad, para burlarse de ella y redirigir su energía. Repetirlo como un mantra aminora la intensidad de cualquier consecuencia, incluso la nada después de la muerte. Mitski termina este álbum con “Lightning”, aunque deja abierta la historia de la mujer, como el eco de un trueno en la distancia. La muerte es tan inevitable que Mitski la transforma en un paso natural, incluso anhelado y bello, para renacer libre por fin en la naturaleza, como luz, como rayos, como lluvia.