El momento que millones de personas en todo el mundo esperaban en el show de medio tiempo el Super Bowl LX, era, quizá, que Bad Bunny lanzara de nueva cuenta un dardo en contra del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) como lo hizo en los Grammy.
Pero no lo hizo; en lugar de ello, preparó un show con poderosos mensajes para respaldar, celebrar y enaltecer las distintas culturas de la región “americana”, más allá de lo latino, pues al final, tanto los Estados Unidos como Canadá fueron parte importante de ese mensaje de unión continental.
Como parte de esos mensajes, hubo por lo menos uno que generaron una importante confusión: el momento en el que una familia ve a través de un televisor precisamente el momento en el que Bad Bunny agradece haber recibido el Grammy al Álbum del Año; la siguiente escena es el propio Benito acercándose al niño de esa familia para entregarle el galardón.
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Por un lado, hubo quienes señalaron que era un reconocimiento de Benito adulto a Benito niño, pues como él lo dijo, nunca dejó de creer en sí mismo.
Pero por otro lado, no faltaron las conjeturas respecto a quién era o a quién representaba realmente ese niño.
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El pasado 20 de enero, Liam Conejo, un niño ecuatoriano de cinco años fue detenido junto con su padre por autoridades migratorias de Estados Unidos. Se trató de un caso que generó indignación luego de que testigos denunciaran que agentes del ICE lo habrían utilizado como anzuelo para detener a su padre, Adrián Alexander Conejo Arias.
El menor junto con su padre fueron liberados a principios de febrero.
Esto llevo a que cientos concluyeran que ese menor, en efecto, se trataba del mismo quien recibía el Grammy de manos del Conejo Malo, porque tenía cierto sentido como parte de este show-demostración de que si hay algo más poderoso que el odio, es el amor, como concluyó el cantante.
Sin embargo, el menor no era ni Liam Conejo ni una representación de él; ese pequeño es un actor, llamado Lincoln Fox. Tras el show, el propio actor agradeció en redes sociales a Bad Bunny por la oportunidad.
Del otro lado, tanto Liam Conejo como su familia esperan la resolución de su estatus migratorio, toda vez que las autoridades norteamericanas aún buscan sus deportaciones.
Ese es el golpe de realidad en medio de 15 minutos de esperanza planteados por el cantante puertorriqueño: miles con el futuro en vilo mientras la guerra de discursos, posturas e ideologías, se intensifica en los Estados Unidos.
