Cuando mueras, ¿cómo quieres ser recordado? Un soldado desconocido, un general con honores o una leyenda anárquica. Después de 43 años y 32 cambios de formación, el reinado de uno de los cuatro grandes del thrash llega a su fin.
Megadeth presenta su décimo séptimo y último álbum de estudio, “Megadeth”, en el que a través de 11 canciones, Dave Mustaine concluye su aventura con la banda de una manera casi obligatoria, tras su lucha contra el cáncer de garganta y artritis severa en las manos.
Sin embargo, Dave celebra esta última etapa como una gran llamarada final. En “Let There Be Shred”, hace una oda al arma que lo acompañó desde niño: una guitarra que dispara notas a alta velocidad. Le da a su público lo que siempre encontró en su música, una forma de disipar la furia en el calor del pit, headbanging sin control, y un gruñido a la autoridad.
Dave se toma un tiempo para hablar con Dios en “Hey, God?!”. Su garganta desgastada reza con el alma en la mano. Reconoce su falta de fe y su condición de solitario. Aunque no escucha respuesta, Dave camina solitario, sin arrepentimiento por cualquiera de sus pecados. No tiene la certeza de si lo encontrará después del último aliento y le ruega por una señal… pero sigue sin respuesta. Sus plegarias quizá son en vano, pero la paz de su alma nunca fue su objetivo: este fue su último reclamo ante la máxima autoridad espiritual.
Vic Rattlehead, mascota e imagen de la banda, se despide con “The Last Note”, una última nota de guitarra acústica que se disipa como cenizas en el viento. Su voz ecuánime sentencia el último verso de quien gobernó por sobre la guerra y el hambre; el mal que criticó perdurará porque es parte de la naturaleza humana. Por fin se libra del metal en su boca, sus oídos y sus ojos, como la música de la distorsión. La despedida digna de un rebelde, de un ídolo caído, de un visionario de la expresión bruta.
Sin embargo, Dave decide cerrar la elipsis de su vida con el verdadero origen de su carrera. Lanza su versión de “Ride The Lightning”, la cual él co-escribió antes de que fuera expulsado de Metallica. A diferencia de Vic que acepta el largo adiós como una etapa de la vida misma, Dave se resiste, siente que es arrastrado hacia la muerte. Usa sus últimos gritos para acusar la maldición injusta que lo llevó por este camino. A pesar de sus logros, aún arrecia la llama de rabia de la que nació Megadeth. Dave deja claro que su adiós jamás será en paz, porque nadie se la compró.
