Puedes tenerlo todo y aún sentirte infeliz; puedes no tener nada y sentirte satisfecho. La avaricia es una condición tan contradictoria de los humanos, que muestra su propia condena y salvación. Poppy satiriza la codicia con una amalgama de sonidos que parecen contradictorios, pero encuentran sentido dentro de su universo anímico.
Poppy presenta su séptimo álbum de estudio, “Empty Hands”, en el que a través de 13 canciones, continúa su aventura sónica: una exploración de constante cambio para aprehender más y más, sin encerrarse en la jaula de las etiquetas. Un proyecto creado en medio de la tempestad de su gira del año pasado, al que le inyecta la intensidad de sus conciertos.
Por primera vez, Poppy continúa con el mismo productor de su disco anterior “Negative Spaces”. Junto a Jordan Fish expanden aún más esta etapa musical, sin encasillarse en un sólo género. La brutalidad de las guitarras se adapta tanto a notas djents como a riffs de happy punk y destellos electrónicos. En “Eat The Hate”, Poppy lanza dardos verbales con los distintos tonos de su fuerza: como la mordida de una serpiente o el rugido de un puma. Devora y escupe odio, sin perder su mueca misteriosa con ojos de aguja.
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Cada una de las facetas pasadas Poppy han madurado su sonido; incluso sus inicios pop aún se escuchan. En “Bruised Sky”, su voz destella por encima de la oscuridad a su alrededor y, al mismo tiempo, sus gritos irradian tristeza sin perder fuerza; muestra su sensibilidad en cada verso, sin importar textura. A pesar de la distorsión, el ambiente es envolvente y placentero para el cuerpo, como si estuviera inmersa en una tina de arena cálida.
De igual forma, en “Time Will Tell”, Poppy se toma un momento para reflexionar su momento y criticar el entorno en el que se expresa. Nunca ha buscado encajar en algún género o nicho; siempre ha explorado nuevas posibilidades para satisfacer su sed de aprender y conocer. Poppy es un punto aparte que ha creado su propio camino y comunidad que se identifica con la sensibilidad de su voz y la fuerza de su música, ya sea con bombones rosas o cuchillos negros.
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Cuando la avaricia del humano intente consumir su propio mundo, recuerda que nada quedará cuando se vayan. De nada sirve acumular, si el final es el mismo: manos vacías. Poppy se presenta como un “Guardian” que protege y levanta a las víctimas de la codicia. Ahí reside la potencia de su contraposición sónica: un ángel que ensucia sus alas en contra de cualquier autoridad.
Poppy es una artista errante dentro de un universo en constante expansión. Nada asegura que su siguiente proyecto mantenga este ambiente oscuro y agresivo. Lo único seguro es el cambio. Una atmósfera creativa que construye y rompe esquemas, bajo el único sello del sonido Poppy.
