Nunca pensé decirlo, pero realmente al expresidente de los Estados Unidos, Barack Obama y a mí nos une algo: la certeza -sin pruebas- de que los aliens existen.
Y es que el título de esta columna es una cita de las propias palabras de Obama.
En el podcast de Brian Tyler Cohen, durante una dinámica de preguntas rápidas (para poder obtener el mayor número de respuestas posibles por parte de Obama, porque no siempre tienes al expresidente sentado frente a ti), Cohen le preguntó a Obama si los aliens son reales.
Esta fue la respuesta de Obama: “Son reales. Pero no los he visto. No están ocultos en el Área 51. No hay instalaciones subterráneas, a menos que exista una enorme conspiración y hayan decidido ocultársela al presidente de los Estados Unidos.”
La enorme diferencia entre la certeza de Obama y la mía, de que los aliens existen, es que mis palabras no pesan; sí, tendrán algún efecto entre un grupo de amigos, pero alguien en otro continente no estará dándole vueltas a lo que yo diga; contrario a lo que pasa con Obama.
Pese a que ya no es presidente de los Estados Unidos desde hace 10 años, Obama sigue siendo un perfil político y social trascendental en la conversación pública a nivel mundial.
Por lo tanto, aunque quizá haya pasado desapercibido, no podemos hacer caso omiso a que Obama haya aceptado que los aliens son reales; peor aún: no podemos ignorar el hecho de que esa declaración no haya venido con un desmentido posterior o algún tipo de nota aclaratoria de “hey, fue parte de una dinámica de podcast, no tengo prueba de ello”. Nada. Al menos no durante un lapso de casi 24 horas.
Curiosamente, esto se empalma con un dato que la NASA dio a conocer respecto a lo que sucede en Marte.
En marzo del año pasado, científicos informaron haber identificado fragmentos de compuestos orgánicos en el planeta rojo; estos, según los investigadores, podrían ser “fragmentos de ácidos grasos preservados en la antigua lutita del cráter Gale”. Un comunicado de la NASA señala que en la Tierra, estos ácidos son producidos generalmente por vida, aunque también pueden ser generados mediante procesos geológicos.
El 4 de febrero pasado, los investigadores publicaron en la revista Astrobiology un posible punto de quiebre: como las fuentes no biológicas que consideraron no pudieron explicar completamente la abundancia de compuestos orgánicos, es razonable plantear la hipótesis de que los seres vivos podrían haberlos formado.
Finalmente, el domingo 15, ante el revuelo en redes sociales por su declaración, Obama reculó: “Estadísticamente, el universo es tan basto que las probabilidades son buenas de que hay vida ahí afuera. Pero las distancias entre sistemas solares son tan grandes que las posibilidades de que hayamos sido visitados por alienígenas, son bajas, y no vi pruebas durante mi presidencia de que extraterrestres hayan hecho contacto con nosotros. ¡En serio!”
Es cierto. Aún falta muchísima investigación por realizar en la materia para poder concluir, con evidencia, la certeza de Obama y mía: ya sean “aliens” o microorganismos, la vida fuera de la Tierra, existe.
