OPINIÓN LUIS ANTONIO DURÁN

"LUX": Salmos universales desde el corazón de Rosalía

Rosalía regresa con su cuarto álbum de estudio, “LUX”, una reinvención total de su sonido e imagen.

Claves en torno a 'Lux', el último disco de la artista.
Claves en torno a 'Lux', el último disco de la artista.Créditos: EFE.
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Santa Rosalía fue una noble virgen del siglo XII que decidió apartarse del mundo en una gruta del Monte Pellegrino, para vivir en penitencia y mantenerse pura hasta su muerte. Sus reliquias fueron encontradas 400 años después, y con ellas terminó la peste que azotaba Palermo. En la reclusión, Rosalía encontró una forma para conectar lo terrenal con lo divino; su sacrificio es un ejemplo de expiación y perdón hacia un mundo ilusorio, que muchas veces oculta sus sensaciones trascendentes, como el amor.

Hace poco más de tres años comenzó este espacio con un análisis de “Motomami”, un álbum que posicionó a Rosalía como ícono mainstream, al explorar y extender las posibilidades del pop latino dentro de un mundo globalizado. Ahora, Rosalía regresa con su cuarto álbum de estudio, “LUX”, una reinvención total de su sonido e imagen. Rosalía narra su historia de expiación a través de 15 canciones que amalgaman lenguas, géneros y sensaciones, acompañada por una orquesta versátil, dirigida bajo la batuta de su voz.

Rosalía no pretende personificarse como Santa, todo lo contrario, canta con un respeto y amor profundos por esas mujeres divinas que encontraron la Luz, a Dios. Son inspiración de amar sin ataduras, de entregar el corazón de forma genuina, de abandonar el cuerpo como “Reliquia” de un desbordante cariño por el arte, el prójimo y la vida.

Rosalía es una artista completa que toma elementos del mundo para incorporarlos de manera coherente y sensible. Como Santa Hildegarda de Bingen, Rosalía es una polímata contemporánea, mística y sabia de su arte, por ello en “Berghain”, le rinde un homenaje al interpretar versos en alemán. Eleva el drama de su corazón frágil a una cantanta operática, al estilo de “Carmina Burana”. El susurro de un lamento arrolla como un autobús acompañada de una gran pared orquestal. Björk e Yves Tumor se unen en una narración polifónica, como víctimas amigas en deseo y desolación.

De igual forma, en “De Madrugá”, evoca la historia de venganza y redención de Santa Olga de Kiev, en una melodía que entrelaza flamenco y música eslava. Conecta ambos estilos musicales bajo sus instintos más básicos: el ritmo y la intención. Ambos explotan el impulso animal de gritar el alma y zapatear la emoción.  "(Yo no busco venganza, la venganza me busca a mi)”, decreta en ruso; es parte del proceso hacia el perdón.

Rosalía finaliza esta misa de réquiem con un canto último en el que su alma, por fin, encuentra redención. El pasado está perdonado; encontró la luz que guía su camino a otra vida de paz. Su cuerpo es una reliquia del camino vivido; desea “Magnolias” a su alrededor, para que los pétalos purifiquen y dignifiquen a los asistentes del funeral. El amor dado vive en palabras, recuerdos y sonrisas; trasciende piel, polvo, tiempo y estrellas. Ese amor hecho música es el camino que une el alma con la Tierra y el Paraíso.