La organización criminal denominada los ardillos es un grupo delictivo originario del municipio de Quechultenango, Guerrero, fundado inicialmente por Celso Ortega Rosas. Esta célula criminal tomó su nombre del apodo de su fundador, conocido como "La Ardilla", quien sentó las bases de la estructura familiar. Actualmente, el grupo es identificado por las autoridades como uno de los principales generadores de violencia en la región centro del estado.
El crecimiento de los ardillos se registra en zonas históricamente ligadas a actividades ilícitas y corredores estratégicos utilizados por organizaciones delictivas para el trasiego de mercancías. Tras el asesinato de Ortega Rosas en el año 2011, el liderazgo de la organización pasó a manos de sus hijos, manteniendo la cohesión familiar. Celso Ortega Jiménez es señalado en diversos reportes de seguridad como el actual líder operativo de esta estructura delictiva.
La presencia atribuida a los ardillos se ha extendido hacia municipios clave como Chilapa, Tixtla y la capital del estado, Chilpancingo, afectando la vida de los habitantes. Esta expansión territorial ha estado marcada por constantes enfrentamientos armados contra grupos rivales que buscan el dominio de la Montaña baja guerrerense. Las comunidades rurales en estas regiones denuncian amenazas constantes, desapariciones y ataques que han transformado radicalmente la dinámica social local.
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¿Cuál es el origen de los ardillos?
El núcleo de los ardillos se ubica en Quechultenango, pero su influencia superó rápidamente los límites municipales para alcanzar zonas estratégicas de la entidad federativa. Durante sus primeros años, el grupo operaba de forma local antes de involucrarse en disputas mayores por el control de corredores regionales de droga. La estructura familiar ha sido fundamental para garantizar la permanencia del grupo a pesar de los cambios en el panorama criminal.
Las actividades ilícitas vinculadas con los ardillos incluyen el secuestro, la extorsión, el cobro de piso a comerciantes y la producción de sustancias prohibidas. Además, se les relaciona con desapariciones forzadas y mecanismos de presión violenta para someter a la población civil en sus áreas de influencia. La evolución de sus operaciones refleja los ajustes necesarios para sobrevivir a las transformaciones de los mercados delictivos en el sur de México.
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El conflicto más crítico de los ardillos se mantiene contra el grupo "Los Tlacos", originario de Tlacotepec, provocando una estela de violencia y terror en diversas comunidades. Esta confrontación ha derivado en ataques armados directos y el abandono de viviendas por parte de familias enteras que huyen del fuego cruzado. Recientemente, se reportó el desplazamiento forzado de 96 personas en la región de Chilapa debido a la intensidad de las agresiones registradas.
La violencia en Chilpancingo también se atribuye a las irrupciones de los ardillos, como el intento de toma de poblados en Buenavista de la Salud. En dicho episodio, alrededor de 40 integrantes armados habrían participado en una agresión que duró una hora y dejó varias personas fallecidas. Estos hechos de alto impacto han colocado el nombre de la organización de forma recurrente en investigaciones federales y reportes de seguridad nacional.
La influencia de los ardillos ha alcanzado incluso el ámbito político, generando debates sobre posibles nexos entre funcionarios locales y los líderes de la organización. Fotografías y señalamientos públicos han puesto bajo la lupa a diversos actores políticos de la región centro, aumentando la presión sobre las autoridades estatales. A pesar de los deslindes públicos, la sombra del grupo criminal sigue presente en los procesos de toma de decisiones en ciertos municipios.
Fuerzas federales y estatales mantienen operativos constantes en las zonas de mayor conflicto para intentar contener la expansión territorial de los ardillos. El objetivo de estas intervenciones es recuperar la capacidad de drenaje de seguridad y permitir el retorno seguro de las familias que han sido desplazadas. Sin embargo, la disputa permanente por el dominio estratégico sugiere que la pacificación de estas regiones de Guerrero representa un reto complejo y de largo plazo.
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha identificado plenamente a los ardillos como uno de los actores principales en la desestabilización del oriente de Guerrero. Las intervenciones actuales buscan mitigar los riesgos para la población civil y capturar a los responsables de los crímenes documentados en la zona. La sociedad civil y las organizaciones comunitarias exigen respuestas definitivas que logren erradicar el control territorial que ejerce este grupo sobre las comunidades vulnerables.
La historia reciente de Guerrero no puede entenderse sin analizar el impacto destructivo que los ardillos han tenido sobre la seguridad y el tejido social. La organización continúa siendo un eje central en las investigaciones sobre narcotráfico y violencia extrema en el sur del país durante este año. Restaurar la paz en los municipios afectados requiere una estrategia integral que desarticule la estructura económica y operativa que sostiene actualmente a los ardillos.
