Durante casi ocho décadas, el predio donde funcionó el antiguo Penal del Topo Chico fue uno de los lugares más emblemáticos —y también más dolorosos— en la historia de Monterrey, Nuevo León. Hoy, ese mismo sitio comienza a escribir un nuevo capítulo con la creación del Nuevo Parque Libertad, impulsado por el gobernador Samuel García Sepúlveda.
El espacio donde durante años operó el centro penitenciario, marcado por episodios de hacinamiento, violencia y tragedias que impactaron a la ciudad, ahora se transforma en un parque público de más de 10 hectáreas dedicado a la convivencia, la cultura y la naturaleza.
El proyecto forma parte del programa “Ponte Nuevo: Ponte Libertad”, impulsado por el mandatario regiomontano, así como por la titular de Amar a Nuevo León, Mariana Rodríguez Cantú, tiene el objetivo de recuperar espacios urbanos que durante años estuvieron cerrados a la ciudadanía.
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“Este parque va a ser un ejemplo, es un símbolo de donde había terror hoy hay vida”, afirmó el mandatario estatal durante la entrega de la primera etapa del proyecto.
Rodríguez Cantú subrayó que el parque fue diseñado con la participación de los propios vecinos.
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“Una etapa que sin duda fue gracias a ustedes, ustedes que participaron, ustedes que confiaron en el gobierno y aquí está la prueba más clara de cuando hacemos unión, cuando hacemos alianza, cosas como estas suceden”, expresó al dirigirse a los habitantes del sector.
Un espacio construido con participación ciudadana
De acuerdo con Lorena Pulido Ramírez, subsecretaria de Atención Ciudadana de la Secretaría de Participación Ciudadana, el proyecto representa un ejemplo de cómo la colaboración entre sociedad y gobierno puede transformar el entorno urbano.
“Para el Gobierno del Estado y particularmente para la Secretaría de Participación Ciudadana, el Parque Libertad es un símbolo muy importante de lo que la participación de las personas, en conjunto con gobiernos que escuchan, pueden lograr”, explicó.
En su primera etapa, el parque ya cuenta con áreas de ejercicio, cancha de fútbol, parque para mascotas, juegos infantiles, plazoletas recreativas y andadores arbolados, además de una estación de seguridad de Fuerza Civil.
El diseño del espacio también surgió de la consulta directa con la comunidad. Más de 5 mil hogares participaron aportando ideas sobre las actividades, las áreas recreativas y algunos detalles del diseño del parque.
La siguiente fase del proyecto contempla la transformación del último edificio del antiguo penal en un centro cultural.
“En la segunda etapa vamos a convertir el último edificio que fue el penal en un centro cultural único en su tipo, con espacios para talleres, bibliotecas, áreas lúdicas y también un espacio de memoria que los vecinos nos pidieron”, detalló Pulido Ramírez.
Parte de las antiguas celdas será preservada como un espacio de memoria para recordar la historia del lugar, mientras que el edificio principal será adaptado para convertirse en el primer gran centro cultural del norponiente de Monterrey.
Un nuevo pulmón urbano para la ciudad
Además de su vocación cultural, el parque también busca convertirse en un pulmón verde para la zona norte de la ciudad. Más de mil árboles nativos fueron plantados en el área, junto con zonas de picnic, canchas deportivas, sanitarios y espacios para el esparcimiento familiar.
Mientras familias recorren los senderos, jóvenes utilizan las áreas deportivas y vecinos pasean a sus mascotas, el sitio comienza a recuperar la vida comunitaria que durante décadas le fue negada a esta parte del estado de Nuevo León.
